José Enrique Martínez escribe sobre ‘Entre el barro y la nieve’

EL TRINO, LA PALABRA

por José Enrique Martínez

José Enrique MartínezBuena parte de los poetas zamoranos, un grupo de eficaz empuje lírico, se concierta para presentar la poesía reunida de Máximo Hernández, que con el título Entre el barro y la nieve forma un volumen de más de setecientas páginas: nueve poemarios más los poemas sueltos publicados en revistas. Juan Luis Calbarro, Ángel Fernández Benéitez, Juan Manuel Rodríguez Tobal y Tomás Sánchez Santiago, poetas de Zamora, a los que se unen María Ángeles Pérez López y Eduardo Moga, escriben las setenta páginas primeras, verdaderos estudios de la obra de Máximo Hernández, “uno de los poetas más importantes del panorama poético zamorano y nacional”, al decir de Calbarro, el cual estudia el conjunto de la obra del poeta, del que destaca “el compromiso ético, los contenidos existenciales, las estructuras cerradas y unitarias —circulares o cíclicas—, la pluralidad de voces y una tendencia a la alegoría” que se acrecienta en los libros últimos. Fernández Benéitez escribe una extensa epístola en verso, de empaque clásico; el resto de los nombrados estudia con ahínco algunos de los grandes poemarios del autor de Entre el barro y la nieve, el cual nos ofrece, asimismo, su idea de la poesía como “intuir lo escueto” y el intento de reorganizar “las partículas que le llegan del hilo de luz que iluminó aquel instante de intuición”; la segunda idea importante alude a la poesía como compromiso con el hombre y la palabra que él siempre ha procurado.

De la inmersión gozosa en la lectura del copioso volumen apenas pueden dar cuenta las líneas que siguen. Entre el barro y la nieve recoge, en efecto, aquel compromiso con la vida del que habla el poeta.

Ello no impide el necesario artificio, que Máximo Hernández vierte en todo tipo de versos, del empaque del alejandrino a la gracia de las seguidillas. La sencilla manifestación de los afectos da lugar a poemas como “Buenos días”, del poemario Celebración del tiempo. Otros libros suyos son Matriz de la ceniza, de potencia rítmica y verbal, de fuerza imaginativa y hondura de pensamiento, con poemas excelsos como el dedicado a “Dylan Thomas en su última noche” o “Impresiones de un ahogado”. La eficiencia del cielo lo forman poemas breves en versos menores; en él el poeta es metaforizado como Supermán por “ese juego continuo/ de disfraces y máscaras”, entre otras cosas; Zooilógico y La conspiración del dolor son otros títulos de esta magna poesía reunida de Máximo Hernández.

(Publicado en Filandón, suplemento cultural de Diario de León, el 4 de junio de 2017).

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