Presentación en Madrid

Presentación en Madrid de Palabras para Ashraf (viernes 7 de octubre)

-A las 11:00: desayuno de prensa en la Oficina del Parlamento Europeo en España (Paseo de la Castellana, 46). Intervendrán Beatriz Becerra, Jordi Doce y David Torres.

-A las 19:30: lectura pública de poemas en Enclave de Libros (Relatores, 16). Intervendrán varios escritores.

Tarjeta de invitación a la presentación de 'Palabras para Ashraf'

Luis Ingelmo / El crujido de la amapola al sangrar

Luis Ingelmo, 'El crujido de la amapola al sangrar'

Luis Ingelmo, El crujido de la amapola al sangrar, 322 pp.
Colección Mayor, 5
ISBN: 978-84-945158-1-1

En El crujido de la amapola al sangrar, segundo de sus libros en nuestra casa, Luis Ingelmo recoge lo mejor de su producción crítica y teórica entre 2007 y 2015. Lector impenitente y eficacísimo, este castellano que durante años fue profesor en Chicago parece incapaz de renunciar a dejar por escrito las impresiones obtenidas de sus lecturas. Experto conocedor de la literatura norteamericana, pero también de la anglosajona en general, y de la española –y de la hispanoamericana–, con El crujido aporta un panorama personal pero muy completo y actual de la narrativa y la poesía de los Estados Unidos, además de un buen manojo de agudas reflexiones sobre su recepción en España; la necesaria desmitificación del Bukowski que nos han vendido; lecturas de Burroughs, Whitman, Eliot, Kerouac o Carver; un amplio repaso por las obras de autores imprescindibles y poco conocidos en nuestro país, como Larry Brown o Delmore Schwartz; incursiones en el territorio del guion cinematográfico (Coen, Scorsese, Tarantino); visitas esporádicas a las literaturas hispánicas vía Roberto Arlt, Daniel Chavarría y Fernando Vallejo, o José María Fonollosa y Avelino Hernández, o incluso Pessoa…

Por razones evidentes, es también un fruto maduro y ejemplar de la literatura comparada y, a ratos, un pequeño manual de traducción literaria. Tiene mucho que ver con ello el hecho de que Ingelmo sea hoy uno de los mejores traductores españoles, habiendo vertido al idioma de Cervantes a autores como Larry Brown, Martin Carter, Thomas MacGreevy, Wole Soyinka, Natasha Trethewey y Derek Walcott; y al de Shakespeare, en colaboración con el poeta irlandés Michael Smith, a otros como Verónika Volkow, Elsa Cross, Claudio Rodríguez, Aníbal Núñez, Fernando de Herrera o Gustavo Adolfo Bécquer. Y eso se refleja en algunas de las mejores piezas que recoge el volumen. Su trabajo sobre la relación entre la obra de Claudio Rodríguez y la de su traducido T. S. Eliot es clave para entender la figura y la poesía del zamorano; y, en general, sus reflexiones sobre la traducción literaria son obligadas para cualquiera que pretenda dedicarse a esa actividad a medio camino entre la traición y la per-versión. Un par de jugosas entrevistas al autor completan este magnífico volumen y, con él, amplían una bibliografía personal que también incluye el libro de relatos La métrica del olvido (2011) y el poemario Aguapié (2013).

Comprar: € 18,00

Fernando Navarro / Socialistas utópicos

Socialistas utópicos

Fernando Navarro, Socialistas utópicos, 202 pp.
Colección Minúscula, 9
ISBN: 978-84-945158-7-3

Socialistas utópicos es una colección de semblanzas mediante las cuales Fernando Navarro no solo nos devuelve –vivos– a una serie de pensadores (Saint-Simon, Enfantin, Owen, Fourier, Cabet, Noyes) que, per se o a través de los filósofos de la izquierda hegeliana, ejercieron una enorme influencia en el pensamiento político de los siglos XIX y XX, con consecuencias fácticas abrumadoras. Además, y por medio de una prosa llena de discreta ironía, deja en evidencia lo desproporcionado de esa influencia en relación con la relativa consistencia intelectual que cabe atribuir a estos autores. Casi ninguno de los utópicos recogidos en este volumen dejará de inspirar en el lector cierta condescendiente ternura.

Fernando Navarro (Madrid, 1964) es licenciado en Derecho por la Universidad de Alcalá de Henares y MBA por el Instituto de Empresa de Madrid. Ha ocupado varios cargos de gestión en la administración balear. Actualmente es diputado en Cortes por las Islas Baleares. Es coautor de El patriota insufrible (2014), junto con Belosticalle, y de publicaciones electrónicas como Escenas del populismo ruso, Episodios del Völkitsch, IG Farben y Realismo político italiano. Mantiene el blog Navarth, en el que escribe sobre política y otros asuntos.

Comprar: € 12,00

Isaac Gómez Calderón / La parábola del arcoíris

Cubierta de La parábola del arcoíris
Isaac Gómez Calderón, La parábola del arcoíris, 128 pp.
Colección Minúscula, 8
ISBN: 978-84-945158-6-6

En los versos de La parábola del arcoíris late la sangre de Rimbaud y de Darío. Pero no es solo un poemario simbolista en pleno siglo XXI; se trata también de un texto filosófico, una colección de emblemas, una propuesta intelectual y creativa de gran complejidad. En palabras de su prologuista, Victoria Cirlot, “la belleza de este poemario deriva justamente del perfecto encuentro entre las vocales, las letras, las palabras, los versos y las figuras, las imágenes radiantes, un encuentro alcanzado gracias a la imaginación que cuando es verdadera, imaginatio vera como la llamaban los alquimistas, es exacta y precisa”. Este esfuerzo por conjugar la pasión y la razón, por restituir un lenguaje en el que resuene la armonía de las esferas, constituye la madurísima opera prima de su autor.

Isaac Gómez Calderón (Valencia, 1979) ha publicado poemas en revistas como Fósforo, Ciberayllu o Lunas Rojas, en catálogos de arte y en la antología Poesía para nadie (Valencia, 2005). La parábola del arcoíris es su primer libro.

Comprar: € 11,00

Ángel Fernández Benéitez, poeta

«LA POESÍA TIENE QUE RECUPERAR LA NATURALIDAD DE LA EXPRESIÓN»

«Soy un autor periférico, autoterapéutico que escribo desde las emociones y que, en estos momentos, no tengo que demostrar nataliaada»

Natalia Sánchez

El poeta Ángel Fernández Benéitez acaba de publicar un nuevo poemario. Su título Memoria del ave encanecida, con prólogo del crítico y poeta Eduardo Moga.

-¿Cómo nace esta nueva obra?

-Este libro se escribió de una manera muy rara. Los libros de poesía se hacen por acumulación, en general. Sin embargo este surgió por una casualidad desventurada. Dejé el coche en el aparcamiento del instituto, me lié y cuando volví a por él estaba cerrado, por lo que me tocó ir a pie hasta mi casa. Cuando llegué a Los Tres Árboles, no había nadie pero empecé a oír cantar a un pájaro. De repente me di cuenta de que era el ruiseñor, a quien nunca había oído cantar. Me quedé con aquella especie de posesión. Este canto fue el detonante de este poemario que salió todo como a raudales. Luego tuve mucho tiempo para corregirlo y revisarlo. Por mucho que leía y releía volvía a las andadas, es decir, prácticamente no corregí nada. Hay anacolutos o neologismos… que no sé si nos aventureros o desventurados, pero que son.

-¿Es su poemario más osado?

-Yo soy clásico, y no lo puedo evitar [risas]. Tiene su parte clásica, su parte popular porque el verso corto lo hace cantarín, pero también cuenta con todo tipo de licencias empezando por el primer verso «A quien oscuro canta/ la noche lo desvela», lo que es un anacoluto porque tendríamos que decir a quien lo oscuro canta. Lo pensé mucho pero si lo cambiaba, variaba mucho.

-¿Por qué métricamente recurre al verso corto de nuevo?

-Lo hice en formato de alejandrino, pero era igual de machacón. Al ser el verso corto parece que te invita a dejar que suene. Esa sencillez me gustaba mucho. Yo siempre había utilizado el heptasílabo, lo mío son los imparisílabos [risas] y además me he ido reafirmado porque he ido descubriendo que da igual el verso que elijas, en realidad lo que importa son los pies griegos, que suene. El heptasílabo responde a esta estructura y me pareció cantarín, quizá un poco en exceso. Ese poemario es muy surrealista, como fue también Espirales. Además es mucho más folclórico porque tiene sus pespuntes etnográficos y está enraizado en el campo porque es un libro salvaje. Yo no soy original.

-¿Por qué?

-Yo creo que ahora es imposible soy original. Fui original en mi primer libro en Espirales que, sin duda, fue el más arriesgado que he escrito. Este nuevo quizá sea algo, pero es tan cantarín que mitiga el riesgo.

-Esa musicalidad que defiende no es muy frecuente en la actualidad.

-Sin duda… pero yo en estos momentos ya no tengo que demostrar nada. Lo que he escrito lo he hecho toda mi vida outside porque Espirales era excesivo; fue escrito en una situación excesiva, en plena mili en una situación extraña. Cuaderno de otoño está hecho con la tarea del albañil, día a día con mi libreta iba anotando. Luego La mar inmóvil nació como este último poemario aunque cuando se publicó más de medio libro se despachó porque era excesivo, pero quizá porque yo soy excesivo [risas]. En Blanda le sea y Epistolio hice muchas concesiones a muchas modas. Ángelica Tanarro en una ocasión me dijo que tanto a ella como a mí nos importante muy poco la voz del poeta, dado ambos pensamos que no existe. No obstante, hay algo en la poesía que te hace volver, es como una droga a veces insana y dañina y otras veces, resulta salutífera.

-Para usted ¿qué está siendo?

-En mi caso siempre ha sido una droga mala. Siempre ha surgido de estados convulsos, quizá hasta muy muy convulsos. Sin embargo Cuaderno de otoño es más reflexivo igual que Blanda le sea, pero creo que yo soy excesivo [risas].

-Como poeta ¿cómo se siente?

-Soy un poeta provinciano, periférico y no me puedo clasificar. No he estado en los círculos y tampoco me ha interesado. Mi carrera poética no ha sido muy amplia porque entre Espirales y el segundo volumen pasaron más de diez años. El camino va viniendo y he querido vivir. Ahora creo que soy poeta autoterapéutico, me quedé enganchado y el mono me lo quito con otra dosis aunque publicar sea secundario.

-No cree en la voz poética, cada uno de sus poemarios es distinto, pero en esta nueva aportación retoma los temas que ha tocado en otras de sus criaturas literarias.

-Alguien dijo en una ocasión que siempre escribimos el mismo poema. Siempre estamos dándole vueltas a lo mismo. Hay cuatro temas metidos en nuestra cabeza que solo emergen cuando quieres que no salgan [risas]. Lo que tú sientes, no lo puedes evitar. Yo no escribo desde la razón, no soy cartesiano. El pienso, luego existo, no va conmigo. Mi máxima sería siento, luego existo. Escribo desde las sensaciones, no puedo por menos.

-Un poeta bebe de otros. ¿Qué influencias reconoce en Memoria del ave encanecida?

-De los poetas místicos, de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, dado que el libro tiene ciertas venas de erotismo, de paisajismo y pasión, pero es un libro que habla de la nada y ellos hablan de Dios y en este libro nunca aparece un Dios. Además siempre está presente Claudio Rodríguez y Jesús Hilario Tundidor, aunque quizá en este libro estén menos que en otros. Claudio es la claridad y la luz y Memoria del ave… es la oscuridad. En Claudio Rodríguez hay muchas cosas y personas y en este no hay nadie. Hay primeras, segundas y terceras personas que nunca sabes a ciencia cierta quién es.

-Dice que es un poemario muy cantarín. ¿Le gustarían que le musicaran?

-A mí ya me ha musicado una persona cercana, mi cuñado José un poeta de un único libro extraordinario. Otro alumno de Lanzarote se encargó de poner música a un par de poemas de Perdulario. Quizá alguno de los grupos actuales me descubran y quieran hacerlo…

-Usted es muy activo en Facebook, ¿por qué?

-Hubo una época que escribía constantemente porque era terapéutico para mí y creo que también para otras personas. Me enseñó mucho. Ahora me da más reparo escribir en las redes, aunque debo de reconocer que ha supuesto una cosa muy agradable porque he conocido a muchos poetas y es un vehículo para mostrar la poesía a quienes no le gusta. Creo que la poesía nació popular y es, en el fondo, popular. Es bueno que a través de las redes sociales se democratice el acceso a la poética y que se acerque a ella la gente con mayor naturalidad. Además, los poetas tienen que recuperar la naturalidad de la expresión.

-Hay voces nuevas que están emergiendo en Zamora. ¿Qué opina?

-Hay nuevos autores a tener en cuenta, como el poeta Manuel Enrique Ferrero Rodríguez, un autor que es muy interesante, y tengo la suerte de que algunos alumnos con los que mantengo contacto por Facebook tienen versos muy interesantes que deseo que vean la luz.

-¿Presentará su última criatura literaria?

-Sí, a principios de octubre de la mano Manuel Enrique Ferrero Rodríguez como presentador, me hizo el prólogo de Oscuras epopeyas, todavía por publicar, y en ciudades limítrofes de la mano de la editorial, Los papeles de Brighton. Memoria no pensaba que viera la luz. Se lo mandé al editor, quien se ha encargado de todo. Desde que dejé de presentarme a premios siempre he editado de manera muy casual y sin pretenderlo.

-Y ¿verá la luz Oscuras epopeyas?

-No lo sé. Es un libro integrado por pequeños relatos de personajes antiheróicos, involucré a muchas más gentes que me hicieron dibujos. Es un libro que ha surgido a lo largo de 20 años y mantener el tono y el espíritu durante este tiempo es complicado, pero tiene un tono muy claro existencialista.

(Publicado en La Opinón de Zamora, 22 de agosto de 2016, p. 6)

Ángel Fernández Benéitez, agosto 2016

Los Papeles de Brighton reeditan a Carlos Jover y Jorge Rodríguez Padrón

Carlos JoverProgresivamente iremos alternando la publicación de obras nuevas con la reedición de nuestros títulos agotados.

Ya están a la venta las segundas ediciones de Bajo las sábanas, del mallorquín Carlos Jover (Colección Minúscula, 4); y Algunos ensayos de más, Jorge Rodríguez Padróndel grancanario Jorge Rodríguez Padrón (Colección Mayor, 2). Con ellos vuelven al escaparate, respectivamente, una magnífica e inclasificable ficción de contenidos éticos y un manojo de jugosas reflexiones sobre memoria, identidad y democracia.

Gracias a los dos por seguir confiando en Los Papeles de Brighton.

Ángel Fernández Benéitez / Memoria del ave encanecida

Cubierta de 'Memoria del ave encanecida'
Ángel Fernández Benéitez, Memoria del ave encanecida, 78 pp.
Colección Minúscula, 7
ISBN: 978-84-945158-4-2

El prologuista de Memoria del ave encanecida, Eduardo Moga, escribe en su prólogo:

Ángel Fernández Benéitez es un autor entero y poroso, de inspiración clásica, voz serenamente articulada y relumbres naturales: su pasión por la naturaleza, contemplativa, pero también erótica, se manifiesta desde su primer hasta su último verso. Las inseguridades existenciales, entre las que la definición de la identidad, de la sustancia del ser individual, descuella con vigor, se proyectan en la descripción de un mundo asombroso y, a veces, empavorecedor.  

El libro que ahora aparece en Los Papeles de Brighton […] prolonga esta conjunción de tradiciones literarias e intereses expresivos. Los 55 grupos de cuatro cuartetas o redondillas en heptasílabos blancos que integran el poemario –hasta un total de 880 versos– funden un castellano granado, austero y, cuando conviene, arcaizante, lleno de resonancias clásicas, con otro brincador y hasta surreal, en el que trajinan metáforas puras y neologismos creacionistas, y que no rehúye lo oscuro.  

Los temas no se alejan de los que Ángel Fernández Benéitez ha devanado en sus anteriores entregas: el recuerdo y la melancolía; la soledad, compañera inevitable; el deseo de libertad, fruto del encarcelamiento existencial y aun físico; las dudas sobre la identidad, esa anguilosa desconocida; el amor, que siempre ronda, ansiado, frustrado, perdido o, más raramente, consumado; la naturaleza, que comparece en forma de pájaro, viento, árbol, cielo y fuego, espacio en el que el ser se derrama y se justifica, y la dimensión humana más próxima a ella: el agro, hecho de sombras, adobes y lentitudes; y el canto, que adquiere en este poemario un protagonismo singular, y que se describe como lo que sobrevive a todo, como lo que redime de todo. Memoria del ave encanecida es una larga exaltación de la poesía, a la vez que una sobriamente articulada reflexión sobre la vida, en la que convive cuanto oprime al poeta –asumido, no obstante, con serenidad solar– y cuanto lo impulsa a ser: a renacer. Y todo ello hilvanado en un discurso ferozmente trabado. Una dimensión colorista y musical, que se refleja en aliteraciones y sinestesias –y en ocasionales asonancias–, y apoyada en largos encabalgamientos, recorre el conjunto. 

Ángel Fernández Benéitez (Zamora, 1955) estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca y fue profesor de lengua española y literatura entre 1979 y 2013. Su labor literaria se centra fundamentalmente en la poesía; ha publicado Espirales (1980), A la orilla del júbilo (1989), Epistolio (1994), La conducta inocente (1998), El ajuar de la noche (2002), Cuaderno de otoño (2002), El sistema en la niebla (2004), La mar inmóvil (2007), Blanda le sea (2010) y Perdulario. Antología poética (1978-2013) (2015).

Comprar: € 11,00