Jorge León Gustà reseña ‘Dices’, de Eduardo Moga

TODO CONCLUYE EN ESTAR ATORMENTADO

por Jorge León Gustà

Los Papeles de Brighton publican una segunda edición del libro de Eduardo Moga Dices, que apareció por primera vez en 2013, con una peripecia editorial que su autor comenta en las páginas introductorias. También puede encontrarse en el segundo volumen de Ser de incertidumbre, pero el lector tendrá entre sus manos una versión completamente renovada. El largo poema, en sí, no ha cambiado, pero sí las citas que se intercalan en él, tal como advierte Moga en la introducción del libro: “he actualizado las citas ajenas que jalonan el texto, incorporando otras, más recientes, que los lectores puedan reconocer”. En un principio, sorprende la afirmación. Efectivamente, algunos de los personajes que firmaban las citas anteriores han sido probablemente olvidados o enterrados por el tiempo, como Araceli López, Eduardo García Serrano, Bernardo Álvarez o Juan Antonio Reig Pla. Otra cosa son Aznar, Rajoy, Esperanza Aguirre o Salvador Sostres, junto a Jiménez Losantos, personajes de la derecha política y mediática que creo que quedarán permanentemente impresos en nuestra memoria.

En primer lugar, sorprende que se mezclen elementos tan heterogéneos, usos tan dispares del lenguaje como son un texto poético y declaraciones orales (en su mayoría) ajenas a lo literario. Es la técnica del collage pictórico llevado al terreno de la poesía: el uso de materiales originalmente no plásticos, desde fragmentos de periódicos y de revistas hasta el conocido calcetín de Tàpies. Moga sigue, al fin y al cabo, el camino iniciado en Insumisión, su libro anterior.

En segundo lugar, el lector se preguntará cómo es posible que cambien las citas. ¿Acaso no hay una íntima relación entre texto poético y cita? Evidentemente, sí; pero esta relación se produce de un modo especial. Una ojeada general al libro nos permite comprender cómo se produce esta relación.

Dices es un largo monólogo en el que su protagonista se dirige a sí mismo, con nombre reconocible: Eduardo. De ahí el título, que empieza, de manera anafórica, muchas de las frases del discurso: “Dices, Eduardo, te dices, te acumulas…”. En otros casos, la repetición anafórica se produce con otro verbo: “Oyes, Eduardo…”, “haces preguntas…”, etc. No siempre se repite de manera exacta la fórmula (resultaría demasiado rígido y frío), pero en todo momento se construye un discurso interior en el que el protagonista se dirige a sí mismo y se cuestiona su propia vida y su forma de ser: “Dices que, cuando amas, te ensombreces” (p. 26); “…no has tenido respeto por las sombras ajenas, por las bocas ajenas”; o bien: “Lo que dices muerde” (p. 35).

Pero este monólogo tiene un origen, que no aparece hasta entrado el poema: la presencia de la madre moribunda: “Oyes el morir de tu madre” (p. 39). Esta figura se hace omnipresente y atraviesa todo el monólogo: “Dices y se aproximan: seres metálicos, levedades, tu madre muriendo, tú” (p. 48).

De este modo, el Eduardo de Dices se convierte en una contrafigura de Carmen Sotillo, la viuda de Mario que va desgranando su vida a lo largo de una noche durante la vela del cadáver. Pero, mientras que en Cinco horas con Mario el monólogo de la viuda se convierte en una divagación narrativa que nos ayuda a reconstruir la vida del difunto, el monólogo de Eduardo constituye una divagación lírica que conforma una confesión sobre el carácter del propio yo con sus obsesiones: su relación con los demás y el miedo a la muerte. “Dices tu cadáver, Eduardo, y tu cadáver comparece. Es este que aún escribe, anudado al infortunio…”. El tono realista de Delibes se transmuta, aquí, en un tono expresionista y desgarrado, característico de su autor: la voz, la boca, los labios, entendido como un ente autónomo en sí mismo, que habla y al hacerlo, hiere al que le escucha, porque “esa boca, Eduardo, eres tú, y esa boca vaticina, […] esa boca configura la oscuridad como una incisión candente en el vientre de la misericordia” (p. 24).

Y aquí es donde se produce el gran dilema, el desgarro íntimo de este Eduardo: el deseo de encontrar un mundo más puro e ideal, pues vive “con la esperanza de descubrir otro cuerpo, otro yo, en el que volcar una inocencia devastadora” (p. 26), que se opone al convencimiento íntimo de que esta posibilidad no existe: la experiencia (incluso la experiencia de la muerte cercana) muestra que la armonía es un afán imposible de alcanzar, pues en este mundo, todo es discordia: “la repulsión es más poderosa que la atracción: no hay afinidad entre las cosas de este mundo: todo se apresta a disgregarse, en un innumerable aquelarre de amputaciones y fugas” (p. 49). Se acoge así Moga a una tradición que puede remontarse a La Celestina (si es que no a Petrarca), para quien el mundo todo es caos, sin orden ni concierto: “Todas las cosas ser criadas a manera de contienda o batalla”, como Fernando de Rojas empieza el prólogo a su gran obra.

De manera que lo que nos rodea es el caos: “Todo confluye, pues, en estar atormentado” (p. 53). De ahí la crispación en la que vive el protagonista de este monólogo (crispación interior, consigo mismo), y crispación exterior en la que confluye el mundo. Esta es la función de las citas, los elementos extrapoéticos del collage: aunar al ser atormentado por su conciencia la crispación del mundo. De este modo, tanto da si se mantienen las citas de la primera edición como si se leen las nuevas aportaciones: parece que nuestro mundo arde en este caos, en esta crispación en la que parece vivir la derecha de nuestro país (política, mediática). De ahí que vayan desfilando las declaraciones de Díaz Ayuso, Miguel Ángel Tellado (azote de herejes), Jiménez Losantos (de nuevo), Santiago Abascal (por supuesto). Pero también se añaden otras voces, como el ministro Ábalos y su inefable asesor Koldo (¿tiene apellido?), o Yolanda Díaz, de un espacio político teóricamente opuesto, lo que produce, si cabe, una mayor sensación de caos. En definitiva, “todo confluye, pues, en estar atormentado”.

(Publicado en la web Caravansari, sin fecha [16 de julio de 2026])

Jorge León Gustà

‘Dices’ en ‘La estación azul’ (RNE)

La estación azul, el programa de Radio Nacional de España y decano de las emisiones sobre literatura en la radio española, ha recomendado en su edición de hoy el último poemario de Eduardo Moga, Dices. Mariano Peyrou y Carolina Alba conversan sobre nuestro libro a partir del minuto 49 de este audio.

Presentación de ‘Desorden temporal’ en Barcelona

El pasado viernes 12 de junio se presentó en la Llibreria Documenta de Barcelona el libro de Dolores Alcántara Madrid, Desorden temporal, en conversación con Benedetta Rodeghiero y con la colaboración de la violinista Blau Arderiu, que interpretó las Partitas de Johann Sebastian Bach.

Presentación de ‘Follar por amor, amar por placer’ en Barcelona

Ayer se presentó en la Llibreria de la Imatge de Barcelona el libro Follar por amor, amar por placer, de Silvia Rins. El poeta Eduardo Moga introdujo la obra de la autora, que leyó sus versos ante un público numeroso y entregado.

Eduardo Moga / Dices

Cubierta de 'Dices' (2026), de Eduardo Moga

Eduardo Moga, Dices, 72 pp.

Colección Mayor, 28

ISBN: 979-13-991604-8-2

Del epílogo de Rafael Mammos:

Por un lado, Dices es implícitamente una afirmación del poder de las palabras. La boca, el supuesto emisario del pensamiento, es tratado como un chivo expiatorio de la propia incapacidad de nombrar la verdad y hacer que los actos se ajusten a ella. De hecho, la palabra es el primer acto del pensamiento, el primer puente hacia la realidad, y en Dices se reconoce un fallo inescapable ya en este primer intento de conexión. Sin embargo, de ello puede deducirse que si la boca y la conciencia ideal supieran reconocerse mutuamente, la palabra cambiaría el mundo: si tiene el poder de destruir (los ejemplos abundan en el poema), potencialmente tiene el poder de crear. Al hablar quizás no se actúa físicamente sobre la materia, pero claramente sí se altera la percepción que tenemos de ella. Eso es una forma de dar una nueva vuelta al mundo.
[…]
Por otro lado, afirmar que Dices es un camino hacia la iluminación puede ser exagerado, pero tampoco es inverosímil pensar que al menos sugiere un tipo de camino. Conocerse a sí mismo es sabiduría superior. El autoconocimiento puede tomarse como un principio de aceptación.

En esta cuarta edición de Dices, el autor actualiza los intertextos y demuestra que, en los trece años trasncurridos desde la primera, su reflexión sobre el lenguaje no ha perdido vigencia, sino que, con seguridad, es cada vez más pertinente.

Eduardo Moga (Barcelona, 1962) es licenciado en Derecho y licenciado y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Es autor de los poemarios Ángel mortal (1994), La luz oída (1995 y 2021), El barro en la mirada (1998), Unánime fuego (1999), El corazón, la nada (1999), La montaña hendida (2002), Las horas y los labios (2003), Soliloquio para dos (2006), Los haikús del tren (2007), Cuerpo sin mí (2007), Seis sextinas soeces (2008), Bajo la piel, los días (2010), El desierto verde (2011), Insumisión (2013), Dices (2013 y 2014), Décimas de fiebre (2014 y 2017), Muerte y amapolas en Alexandra Avenue (2017), Mi padre (2019), Tú no morirás (2021), Hombre solo (2022) y Poemas enumerativos (2024). Su poesía se ha reunido en tres volúmenes: Ser de incertidumbre (2024). Terence Dooley le ha traducido al inglés la antología Selected Poems (2017) y My Father (2021). Crítico, traductor y ensayista, ha publicado varios volúmenes de viajes y crítica literaria. Codirigió la colección de poesía de DVD Ediciones (2003-2012) y dirigió la Editora Regional de Extremadura (2016-2018). Ha ganado los premios Adonáis (1995), Fundación Corda (2011), Revista Quimera (2014), Latino Book Award (2014), Lorenzo Gomis (2024) y Ángel Crespo de Traducción (2025). Mantiene el blog Corónicas de Españia. Vive en Sant Cugat del Vallès.

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