Dolores Alcántara Madrid, Desorden temporal, 120 pp.
Colección Mayor, 27
ISBN: 979-13-991604-0-6
Del prólogo de la autora:
Para quien quiera intentar entender, algo que no es necesario en poesía –si es que esto es poesía, siempre las dudas…–, únicamente mencionaré que leí en 2015 una entrevista a Ricardo Piglia en un diario español que me produjo una duradera conmoción interna y al efecto múltiple de esa conmoción se debe gran parte de lo que se encuentra escrito en esta publicación. No vino a darle sentido, pero sí que hizo que tratara del sentido, que me diera cuenta de ello. El sentido que la vida no tiene y que al escribir quizás sea posible esbozar. Porque, como decía Piglia en esa entrevista, «uno escribe porque está desajustado con la vida». Aunque se pueda creer que se refería únicamente a la enfermedad que entonces mostraba sus efectos y fue la causa de su muerte, me pareció que podía apuntar a la dificultad y hasta a la incapacidad de permanecer en esto que llamamos «la vida» o «la realidad», al menos a mi dificultad, a mi incapacidad. Y que estos intentos de escritura sostenidos en el tiempo revelaban una imposibilidad, una búsqueda, que puede que haya llegado a ser una opción profundamente vital en la que dejar «lo real en suspenso» y así pasar «al otro lado», un lugar donde la intensidad de la experiencia vivida y la libertad para sentirla están al alcance gracias a la soledad y al silencio. Porque, pese a las palabras escritas, queda el silencio. Y el maullido de mis gatos, que también han tomado parte en esto.
Dolores Alcántara Madrid (Barcelona, 1964) estudió Filosofía en la Universidad de Barcelona y se ha dedicado a la docencia en centros privados y públicos de Cataluña durante más de 30 años. Desorden temporal es su tercer poemario publicado. Antes, fue autora de Conjunciones (2019) y Réquiem (2023), dedicado a la memoria de su único hermano.
Silvia Rins, Follar por amor, amar por placer, 92 pp.
Colección Mayor, 26
ISBN: 978-84-127018-9-0
Del prólogo de la autora:
La tradición poética occidental ha tratado el erotismo con una mezcla de fervor y pudor. Ha sabido cantar el deseo cuando este se elevaba, confundiéndose con lo místico, lo simbólico o lo trágico, pero ha desconfiado del cuerpo cuando dejaba de ser metáfora. Entre el amor sublimado y la carne explícita, la poesía ha oscilado durante siglos, a menudo buscando una coartada: la belleza, la culpa, la transgresión, la ironía. Sin renegar de dicha tradición, este libro dialoga con ella. Y lo hace desde un lugar incómodo, el de la experiencia vivida: algunas veces feliz; otras, insuficiente. Desde el gesto que se repite y que, al repetirse, cambia de sentido. Desde la liturgia desprovista de dogma.
Silvia Rins (Barcelona, 1971) es licenciada en Filología Hispánica y doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona con una tesis sobre el poema en prosa. Alterna la docencia en secundaria con la gestión universitaria y la crítica cinematográfica. Es autora de los ensayos La pasión en el cine (2002) y Las grandes películas asiáticas. Espiritualidad, erotismo y violencia en el cine oriental (2008). Ha publicado numerosos artículos y reseñas en libros colectivos, revistas culturales y prensa. Su obra se suele mover en la frontera entre los géneros literarios; así sucede en Apología de las sombras (2016), El penúltimo infierno de Borges (2019) y El mundo al revés (2024 y 2025). Follar por amor, amar por placer es su más reciente poemario.
El esplendor y la amargura. La poesía de Basilio Fernández, el fascinante y voluminoso libro —un kilo doscientos gramos de peso y casi setecientas cincuenta páginas en edición impecable de Los Papeles de Brighton— del poeta y crítico Eduardo Moga, viene a subsanar una antigua deuda con uno de los poetas españoles más fascinantes y secretos del siglo XX: Basilio Fernández. El que suscribe esto —otro larreísta nacido, curiosamente, un mismo día de julio— tampoco lo conocía, hasta que, a finales de la primera década del siglo XXI, el autor de La luz oída (1996), Insumisión (2013) o Mi padre (2019) le comentó que estaba preparando su tesis doctoral sobre un autor prácticamente desconocido que apenas si había publicado en vida un puñado de poemas, pero que era excepcional. Así lo demostraban las pocas ediciones de su poesía —Poemas (1927-1987) en la desaparecida Libros del Pexe (1991), Antología poética en Edilesa (2007) y Antología. 1927-1987 en Trea (2009); todas con edición o selección, introducción o presentación, y notas, de Emiliano Fernández, su sobrino; su Poesía completa (1927-1987) saldría posteriormente en 2015 en la editorial Impronta, también con edición a cargo de Emiliano Fernández— que la concesión del Premio Nacional de Poesía en 1992, a título póstumo —el único hasta el momento—, ayudó a ampliar.
El esplendor y la amargura es la transcripción, ampliación y puesta al día de la tesis doctoral que Moga defendió allá por el 2011; el estudio más extenso y completo de la poesía del poeta leonés, afincado en Gijón hasta su muerte en 1987. El título del libro sintetiza las dos esferas que interactúan constantemente en su obra: la deslumbrante imaginería verbal propia del creacionismo —que, poco a poco, se fue esencializando— junto a una hondura existencial dominada por el sentimiento de decepción y derrota que se acentuaría con el paso de los años: «el deslumbramiento de la forma, la crepitación exultante del lenguaje y, al mismo tiempo, la oscuridad superlativa de la angustia». Un «descenso a los infiernos», como escribe Moga, que tiene que ver con las complejidades de su pensamiento y las contradicciones que le suponía integrar en su vida la continuidad del negocio familiar y su propio sustento, con un destino como poeta especialmente dotado: «nací a la extrañeza, / y al bienestar de los rincones familiares, / discontinuo y sin sueño / como el que no espera visitas. / Nunca necesité afanes para diluirme, / ni testigos para la emancipación al menudeo; […] Ahora me asomo a los proyectos olvidados / y a las citas equivocadas en los planes del / viento. / Solo una mano inadvertida repara la tramoya», escribe en el poema «El 28 de julio de un año sin gloria».
Y, como él mismo anota en otro de sus poemas, la «dejadez» sentida, la inconsistencia y levedad de cualquier acción humana —sin propósito último—, decanta la balanza hacia un paulatino aislamiento y adelgazamiento de su obra —y de su vida como poeta— hasta hacerla prácticamente desaparecer. Como los casos de Emily Dickinson o Agustín Gómez Arcos —que, o no vio publicada la obra en vida, o era, a pesar de la consideración internacional, un completo desconocido en su país de origen—, Basilio Fernández es un extraordinario poeta marginal, un verdadero outsider de las letras, que Eduardo Moga disecciona con elegancia —véanse las sutiles correcciones al albacea del legado de Basilio Fernández— y precisión —la estructura arborescente del volumen abarca los aspectos más relevantes de su temática y retórica, y el extenso aparato de notas que lo acompaña es como otro libro dentro del libro que amplifica y enriquece su interpretación—, mediante un lenguaje modulado, imaginativo, y riquísimo —se nota, y mucho, el poeta que lo acompaña— que lo alejan de la escritura, casi siempre enlatada, de este tipo de estudios doctorales.
En este sentido, al igual que Un cor furtiu, de Xavier Pla, la monumental biografía de Josep Pla, El esplendor y la amargura, el ensayo más importante hasta ahora sobre el poeta y la poesía de Basilio Fernández, tiene el mérito de leerse como una novela, como una suerte de ficción filológica que convierte su lectura en algo mucho más atractivo y memorable; la oportunidad de una experiencia que no deberíamos desaprovechar.
Eduardo Moga rellena todos los vacíos de la vida y la obra del poeta Basilio Fernández López (1909-1987) en El esplendor y la amargura, un espléndido estudio académico, imprescindible en las bibliotecas universitarias.
Por Marta Prieto Sarro
En junio de 1992 se produjo un hecho insólito: el Premio Nacional de Poesía se otorgaba a título póstumo en la persona de Basilio Fernández López por el conjunto de su obra, titulada Poesía 1927-1987, que había visto a luz también después de la muerte de su autor. El fallo del premio del Ministerio de Cultura pilló a la mayoría de los críticos literarios, por no decir a todos, a contrapié. Porque, por si ambas circunstancias ya eran extrañas de por sí, resultaba que su autor era un absoluto desconocido. Tras las líneas que Eduardo Moga rescata en la prensa del momento quedan patentes el estupor y la perplejidad vividos junto a las dudas sobre la calidad de sus poemas.
Cubierta de El esplendor y la amargura, de Eduardo Moga
Sin embargo en León, la provincia de la que era natural el poeta, sí había quien le conocía. De mi entorno más próximo, José Enrique Martínez, profesor universitario y crítico literario en el suplemento cultural Filandón de Diario de León cuyas páginas capitaneaba con asombrosa lucidez (e inmediatez) Alfonso García Rodríguez. También estaban al corriente Antonio Gamoneda, involucrado claramente en la concesión del galardón, como más tarde se sabría, y convertido en descubridor de su obra para otros, incluido Eduardo Moga. Y Francisco Martínez García, que en su obra Historia de la Literatura Leonesa, publicada en 1982, había dejado escritas sobre él unas líneas preciosas al considerar que tal vez era «el único poeta leonés que tenía su reloj puesto a la hora del mundo, sin atrasos seculares». Aunque yo para entonces no le conocía, presumo que Tomás Sánchez Santiago también conocía la obra de Basilio Fernández a quien después calificaría como poeta «clandestino». No obstante, se trata de una lista que no pretende ser exhaustiva: habría más, por supuesto.
Basilio Fernández, el de Valverdín
Eduardo Moga, poeta y crítico él mismo, comienza su brillante estudio El esplendor y la amargura precisamente con aquella extrañeza, cuyas causas estaban más que justificadas. Basilio Fernández había nacido en Valverdín (León) en 1909 pero la familia se había trasladado siendo él niño a Gijón, donde regentó un almacén de ultramarinos. No puede decirse que fuera, en absoluto, un desarraigo, pero en el lugar se perdió su rastro a pesar de que él lo convertiría en materia poética. En Gijón trascurrió el resto de su vida, ligada a aquel negocio en el que nadie atisbó jamás su escondida afición al verso que solamente se puso de manifiesto tras su muerte en 1987. Fue de la mano de su sobrino Emiliano Fernández Prado (pues el poeta tampoco tuvo hijos) quien encontró aquel tesoro y lo publicó en 1991 en la editorial asturiana ya desaparecida Llibros del Pexe con el título de Poemas (1927-1987). Una nueva edición revisada y ampliada aparecería en 2015 publicada por la editorial Impronta.
A pesar de aquel reconocimiento, el extraño poeta ha seguido siendo un desconocido. Al menos en la que fue su tierra de nacimiento donde no recuerdo que, de manera pública, se haya reivindicado su memoria.
Basilio Fernández
Por eso ha sido todo un regalo la aparición de El esplendor y la amargura, una voluminosa publicación que transita por la biografía de un hombre que parecía que no tenía biografía (una apariencia fruto del desconocimiento), que bucea en sus relaciones literarias (que las tuvo en un época precisa de su vida: Gerardo Diego, Torrente Ballester, José María de Cossío, Luis Álvarez Piñer, Dionisio Ridruejo, Alberti) y que ofrece una interpretación espléndida y profunda de su poesía, de su discurrir por los ismos (ultraísmo, creacionismo, existencialismo), de sus influencias literarias y de los temas que la sustentan: la fugacidad del tiempo, la belleza, el amor, el caos, la vanidad, la luz, la oscuridad, la tristeza…
Todos saben que la codicia de vivir cae fuera de propósito, y que el tiempo clava el acontecer sin treguas ni patrañas.
Eduardo Moga recorre la poesía de Basilio Fernández para encontrar en ella «el sufrimiento por haber abandonado un proyecto de vida como escritor y los ideales de la juventud: la literatura, el amor y la libertad». Pero también, y esto resulta extraordinario, «el deslumbramiento de la forma, la crepitación exultante del lenguaje y, al mismo tiempo, la oscuridad superlativa de la angustia». Ahí están, pues, las claves que explican el título del estudio.
Gran estudio académico
No creo que exista la menor duda de que El esplendor y la amargura resulta hoy un estudio académico imprescindible sobre Basilio Fernández López que, al decir de Eduardo Moga, es «uno de los más silenciosos, desconocidos y mejores poetas españoles del siglo XX». Y que hoy está, más cerca que nunca de sus lectores. Sobre todo de los leoneses en cuya montaña nació, en una diminuta aldea del Torío:
El 28 de julio de un año sin gloria Nací a la extrañeza Y al bienestar de los rincones familiares, discontinuo y sin sueño como el que no espera visitas.
El esplendor y la amargura. La poesía de Basilio Fernández Eduardo Moga Los Papeles de Brighton, 2025 756 páginas
Ignacio Cartagena, Breviario de horas bajas, 138 pp.
Colección Minúscula, 16
ISBN: 978-84-127018-7-6
Breviario de horas bajas es un poemario breve y concentrado, de enorme cohesión por su perfección estructural, por su concisión y, pese a esta, por la intensa polisemia de sus leitmotivs; y, más que nada, por la suave desazón con que expresa el paso del tiempo, la decadencia del mundo y la amortiguación del amor.
Ignacio Cartagena (Alicante, 1977) es doctor en Derecho Internacional Público y máster en Relaciones Internacionales, diplomático de carrera, vocal asesor en la Casa de S. M. el Rey y coautor de La roca de Sísifo. Pasado, presente y futuro del régimen de no proliferación nuclear (2024). Ha publicado los siguientes libros de poemas: Memoria de un desnudo (2003, premio Ángel Urrutia), Tu cuerpo y otras dudas (2008), Románico tardío (2011), Urnas, ánforas, vasijas (2014), El Ocio que nos queda (2017), Los últimos días de Plinio el Viejo (2018) y Las cataratas de Nelson (2021). Los dos últimos libros han sido traducidos al italiano y publicados, en edición bilingüe, por la editorial Besa Muci.