Presentación en Palma de ‘Socialistas utópicos’, de Fernando Navarro

Será en Literanta, calle Can Fortuny, 4, el miércoles 2 de noviembre de 2016. Os esperamos.

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David Torres sobre ‘Palabras para Ashraf’

PALABRAS PARA ASHRAF

por David Torres

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Arabia Saudí es uno de esos países donde los derechos humanos están escritos en papel higiénico. A menudo se nos olvida que los derechos humanos y, especialmente la libertad de expresión, no son manzanas caídas de los árboles sino dolorosas conquistas que han costado siglos, muchedumbres de muertos, toneladas de sangre y océanos de libros quemados. Hay otros derechos (al trabajo, a un salario justo, a la vivienda) que también se hallan en franco retroceso en occidente y por la misma razón: porque olvidamos cuánto esfuerzo llevó ganarlos. De vez en cuando aparece un mártir para recordarlo: aunque la palabra tiene connotaciones religiosas, no está mal traída ya que la inmensa mayoría de los mártires lo han sido en nombre de la religión y con su copyright encima. Empezando por aquel fulano llamado Jesucristo.

Ashraf Fayadh, poeta y comisario artístico palestino, fue condenado por un tribunal saudí a cuatro años de prisión y luego a muerte por los cargos de ateísmo, apostasía y ofensas al islam. Su delito: escribir versos. En un acto de gracia no poco gracioso, la pena de muerte ha sido conmutada por ocho años de prisión y 800 latigazos. Durante el proceso, como es habitual en Arabia Saudí, no tuvo derecho a un abogado y el juez ni siquiera se dignó a hablar con él. Lo que se oculta realmente tras la sentencia no es más que la reacción a la crítica política que se desprende de su poemario Instrucciones en el interior (2008) y a su grabación de imágenes de torturas por parte del régimen saudí. Aparte de las excusas religiosas, la sentencia contra Ashraf pretende erigirse en escarmiento contra toda la comunidad artística del país.

Es repugnante que los representantes de la comunidad internacional y muy especialmente de los países occidentales y europeos hayan permanecido en silencio ante éstas y otras no menos flagrantes violaciones de los derechos humanos. Es sencillamente ridículo que la ONU -ese solemne montón de vaciedades y basura paralelepípeda- nombrara el año anterior a Arabia Saudí defensora de los derechos humanos. El aliado fundamental de EEUU en el mundo árabe resulta, en muchos aspectos, una monarquía datilera, sanguinaria, retrógrada y paleolítica donde el culto al petróleo y al dinero está muy por encima de la vida y la dignidad humanas.

La editorial Los Papeles de Brighton acaba de publicar Palabras para Ashraf, un libro colectivo de apoyo y homenaje al poeta palestino que cuenta con un nutrida antología de textos firmados, entre otros, por Antonio Gamoneda, Aurora Luque, Beatriz Becerra, Ben Clark, Isabel Camblor, Jesús Ferrero, Jaime Siles, Jordi Doce, Juan Carlos Mestre, Marta Agudo y Román Piña Valls. Cuando Juan Luis Calbarro, poeta y director de la editorial, me pidió colaborar en el proyecto no lo dudé un instante. Los textos -la mayoría de ellos poemas- fueron cedidos desinteresadamente y los beneficios del libro están destinados íntegramente a una organización en defensa de los derechos humanos en Arabia Saudí.

Al enterarme de la condena contra Ashraf, de inmediato pensé en la fatwa contra Salman Rushdie en 1989 por la publicación de Los versos satánicos. Estaba terminando la carrera de Filología Hispánica y de repente la literatura medieval se hizo presente en plena posmodernidad y de un modo por completo inesperado. Ilustres especialistas en derecho internacional y profesores de árabe discutían en tertulias televisivas si la novela en cuestión era culpable del delito de apostasía o de blasfemia. En realidad, era culpable de un delito mucho peor: la literatura, ese faro que ilumina las tinieblas desde nuestros orígenes y que a lo largo de los siglos ha ido pariendo textos tan peligrosos como La Ilíada, Hamlet, El Quijote y la Declaración de los Derechos del Hombre. La historia de Ashraf nos recuerda que los inquisidores siguen ahí, aunque en nuestro orbe occidental ya no suelen vestir de clérigos. También nos advierte de que la literatura, grande y pequeña, buena y mala, siempre ofende, ya sea a base de viñetas sobre Mahoma, chistes de mal gusto, teatros de títeres o novelas machistas.

(Publicado en Cuarto Poder, 9 de octubre de 2016)

Doble presentación de ‘Palabras para Ashraf’ en Madrid

Desayuno de prensa en la Oficina del Parlamento Europeo en Madrid (¡gracias por la hospitalidad!), con Beatriz Becerra, David Torres y Jordi Doce.

Gracias por el reportaje a Malene y a los chicos de la oficina de Beatriz Becerra, que también editaron un vídeo:

Lectura pública en Enclave de Libros: gracias, María y Pino. Gracias a todos los buenos poetas allí reunidos y al público asistente. Y gracias y recuerdos a Isabel Camblor, que no pudo estar, pero como si hubiera estado.

Presentación en Zamora de ‘Memoria del ave encanecida’, de Ángel Fernández Benéitez

Fenomenal la introducción de Manuel Enrique Ferrero y magnífica la lectura del autor en la Biblioteca Pública del Estado de Zamora.

“Que a los políticos no les interese la historia de las ideas nos deja indefensos ante ideologías tan débiles como el nacionalismo o el populismo”

FERNANDO NAVARRO, DIPUTADO DE CIUDADANOS POR BALEARES, PUBLICA EL ENSAYO SOCIALISTAS UTÓPICOS EN LOS PAPELES DE BRIGHTON

De todos los pensadores que reseña, ¿cuál cree que ejerció mayor influencia en el pensamiento del siglo XX?

Sin duda alguna Saint-Simon, que es el más profundo de todos ellos y de paso el más simpático. No solo dejó tras de sí una religión de corta vida, sino que influyó decisivamente en pensadores como Augusto Comte y, mucho más de lo que el alemán reconocía, en Marx.

¿Qué ha querido mostrar de estos pensadores? ¿Cuál es su enfoque?

Con frecuencia lo más interesante no es lo que decían, sino lo que asumían inadvertidamente. Por ejemplo, la creencia en que el funcionamiento de la sociedad podía ser definido científicamente en el laboratorio de la razón y trasladado sin más a la realidad.

El autor del prólogo del libro elogia la ironía que inspira sus semblanzas. ¿Cuestión de estilo?

Las vidas y obras de Saint-Simon, Fourier, Owen, Cabet, Enfantin y Noyes tienen momentos extraordinariamente divertidos que con frecuencia se pasan por alto. Como si el historiador pensara: “esto es un tema serio, así que tengo que expurgarlo de sus aspectos más ridículos”. Esto es un error, no solo porque hace la historia más aburrida, sino porque en esos aspectos es donde mejor se pueden ver sus errores de planteamiento.

Un político que escribe sobre política –hoy y en España– resulta algo insólito. ¿Por qué cree que es así? ¿Los políticos no deberían escribir –y leer– más sobre política?

Que a los políticos no les interese la historia de las ideas políticas contribuye, por ejemplo, a que estemos indefensos ante ideologías intelectualmente tan débiles como los nacionalismos o los populismos. O que se pueda llegar a pensar que la democracia liberal es una especie de fenómeno natural, cuando en realidad es una frágil construcción de la civilización. Un oasis en el desierto que difícilmente sabremos preservar si no conocemos sus fundamentos.

¿Tiene otros proyectos literarios? ¿Para cuándo Socialistas científicos?

En mi blog Navarth escribo cuando puedo una serie, bastante desordenada, que se llama Apuntes de teoría política, y en ella dediqué tres entradas a Marx. Recomiendo su lectura.

UTOPÍA Y REALISMO

¿La utopía es necesaria?

Decía J. K. Bluntschli: “La política debe ser idealista; la política debe ser realista. Estas dos afirmaciones son ciertas cuando van juntas, y falsas por separado”. Cabet y Owen lo descubrieron a su pesar cuando intentaron poner en práctica sus utopías sin haber tenido en cuenta la realidad.

¿Su experiencia en política tiene algo que ver con la utopía? ¿Algo de la actual política tiene que ver con la utopía? ¿Es necesario que sea así?

Ahora veo que la experiencia en política es imprescindible al hablar de política, porque proporciona una visión de la compleja red de restricciones entre las que las ideas deben abrirse camino en la realidad. Los socialistas utópicos, por el contrario, pensaban que la realidad podía ser construida en el laboratorio de la razón.

Fernando NavarroFoto de Jordi Avellà para El Mundo

(Publicado en El Mundo-El Día de Baleares, 3 de octubre de 2016, p. 41).