Juan Planas hace doblete y publica a la vez ‘Arpas y laúdes’ y ‘Cercandanza’

por A. Malagamba

(En Última Hora, Palma de Mallorca, 24 de junio de 2020)

Juan Planas Bennásar: “La mitología, ya sea la propia o la de generaciones anteriores, siempre aparece en mis libros”

“Quizá la vida sea subir y bajar la montaña, como Sísifo, y hacerlo con el humor violento y a la vez compasivo de Cristóbal Serra” – “Palma es una ciudad desordenada y sucia, pero siempre hay lugares donde uno ha sido feliz”

por Pere Estelrich i Massutí

(Entrevista en Diario de Mallorca, 4 de junio de 2020).

Moisés Galindo publica el poemari del qual sorgeix la seva obsessió pel no-res

El surienc va escriure Naturalezas muertas amb idees que ha desenvolupat en els seus llibres

por Pepa Mañé

El poeta Moisés Galindo (Súria, 1963) té a les llibreries Naturalezas muertas. És el cinquè poemari que publica, però és dels primers que va escriure. Que ara pugui arribar als lectors li fa «molta il·lusió, perquè hi ha totes les idees que després he anat ampliant en els altres llibres meus». A Naturalezas muertas, Galindo introdueix «aquesta mena d’obsessió del no-res com a part constitutiva de la vida, l’existència i la no-existència entrelligades, el forat negre que ens xucla constantment en la nostra vida. Sempre posem el focus en la plenitud i volia deixar constància de l’altra cara de la lluna».

De Naturalezas muertas (Los Papeles de Brighton, 2020) n’han sorgit Las formas de la nada (La isla de Siltolá, 2015) i Antes (de) que la nada prevalezca (La Garúa Poesía, 2017), que formen part d’una trilogia que gira al voltant de la idea de la desaparició. El volum que ha de tancar la trilogia ja està llest i tenia data de publicació, però ara ha quedat als llimbs. Aral (Parnass Ediciones, 2016) també tractava sobre la mateixa idea de la desaparició a través del retrocés progressiu del mar ubicat entre el Kazakhstan i l’Uzbekistan. El primer poemari publicat de Galindo va ser Visegrado Hotel (2011), a la xarxa per Parinacota Ediciones.

Aquest poemari que ara surt publicat neix d’una imatge que va ser un suggeriment: «La visió d’una natura morta, que en pintura té el seu format específic, o d’un animal mort al carrer. Em va situar davant d’un cos inert, que pot ser un ésser o un objecte, i els sentiments que desperta: pors, dubtes… i vaig començar a pensar com podia verbalitzar-ho sabent que no en podràs obtenir mai resposta. D’aquestes emocions en van sorgir altres temes que em preocupen com la voracitat i la cobdícia de l’home». Per això, l’editor, Juan Luis Calbarro, va escollir el quadre Mesa de cocina con caza y verduras, de Frans Snyders (1630), per a la portada.

Naturalezas muertas està dividit entre parts que, en origen, eren tres llibres diferents. «Els vaig anar aprimant perquè hi havia poemes coincidents, i van acabar formant una obra completa que va recollir “Naturalezas muertas”, com s’anomena la tercera part, que incideix en l’emoció que provoca veure desaparèixer un ésser o un paisatge estimat. La segona part, “El secreto de los gatos”, parla de com l’home està entroncat amb el seu voltant. I la primera part, “Cruzar el miedo”, expressa els sentiments davant d’una pèrdua. És tot molt barrejat».

En el pròleg, el poeta i amic José Antonio Arcediano qualifica Galindo de «poeta esperançat», i ell ho corrobora: «no ens ho podem carregar tot: la lluminositat forma part de la vida». I considera que ha estat de sort en poder publicar la seva poesia: «amb cinc editors diferents que no coneixia. Són petites editorials que s’arrisquen amb els originals que els arriben, i en un sector que té un públic molt reduït».

'Naturalezas muertas', de Moisés Galindo (2020)

(Regió 7, Manresa, 4 de junio de 2020).

Entrevista capotiana a Santiago A. López Navia

por Toni Montesinos

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Santiago A. López Navia.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Mi casa.

¿Prefiere los animales a la gente?

A los dos en su justa medida, pero mi prioridad son los seres humanos.

¿Es usted cruel?

En absoluto.

¿Tiene muchos amigos?

Salvo que esté en un error, sí.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Las mismas que intento mostrar con ellos: lealtad, generosidad y afecto.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

En alguna ocasión algún amigo muy querido me ha decepcionado de forma muy dolorosa, pero no descarto que yo haya decepcionado también alguna vez a alguien muy próximo. La decepción es un riesgo cuando se pone mucha carne propia en el asador. Mi madre, en su sabiduría sencilla y enorme, repetía con frecuencia un refrán: “Del mejor amigo, la mayor pedrada”.

¿Es usted una persona sincera? 

Sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Perdiéndome en la naturaleza, leyendo, escuchando música y a veces, cuando puedo, viendo alguna buena película.

¿Qué le da más miedo?

La pérdida, entendida en todas sus dimensiones.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La falta de compasión, la insolidaridad, la violencia, el odio, la falta de compromiso, la inconsistencia… Dejo aquí el inventario.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

En todas las respuestas que se me ocurren aparece la creatividad. Me habría encantado ser músico: un brillante pianista.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Sí. Camino mucho, sobre todo por la montaña y por el bosque, y cada día, salvo imponderables, subo y bajo una escalera de trece pisos.

¿Sabe cocinar?

No. Mi impericia culinaria es enorme. Lo compenso con una enorme gratitud cuando me siento a cualquier mesa, con una gran sencillez en mis gustos y con una excelente disposición para poner y quitar la mesa y poner y colocar el lavavajillas.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Se me ocurren unos cuantos: Cervantes, Ambrose Bierce, Marco Aurelio… Sobre Cervantes ya he escrito unas cuantas cosas, aunque no en el Reader’s Digest, y mis menciones a los otros dos son constantes.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Si no puedo elegir la misma palabra “esperanza”, me quedo con amor, entendido en el sentido que propone Pablo en su primera epístola a los Corintios.

¿Y la más peligrosa?

Odio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

No, por favor.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Entiendo que la fraternidad, la justicia, el consenso, la paz, la libertad, el sentido de la responsabilidad y la solidaridad son valores transversales y universales que deberían sustraerse a cualquier adscripción política. Esos son los valores en los que creo. Votar a un partido u otro es otra cosa.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Si por cosa entendemos literalmente eso (una cosa), no me importaría ser un cuadro que despertase una emoción viva e intensa a quien lo contemplase. En mis demás respuestas hay seres vivos: un árbol, una montaña, un río…

¿Cuáles son sus vicios principales?

No soy consciente de tener vicios, salvo que el amor por atesorar y leer libros pueda considerarse un vicio.

¿Y sus virtudes?

No tengo certezas sobre mis virtudes ni me corresponde a mí significarlas, pero tengo clara mi principal aspiración virtuosa. La expresa Marco Aurelio en sus Proverbios morales: “¿Cuál es tu profesión? Ser bueno”.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Es una pregunta muy difícil para alguien como yo que concibe la muerte por ahogamiento como una pesadilla, y aspiro a no tener que estar nunca en una situación así. Supongo, en todo caso, que sentiría una enorme desesperación, una gran impotencia, una irremediable soledad.

(Del blog de Toni Montesinos, Alma en las palabras, 18 de mayo de 2020).

Eduardo Moga reseña ‘Naturalezas muertas’, de Moisés Galindo

Moisés Galindo, cuyo poemario Las formas de la nada reseñé en el número 7 de la revista Estación Poesía, en 2016, publica su quinto libro de versos, Naturalezas muertas, de la mano de Los Papeles de Brighton. Galindo insiste —y hace bien, si así lo siente— en una poesía metafísica, cuyo núcleo es la reflexión sobre la nada como sustancia y sostén de la vida. Alrededor de este eje giran una serie de motivos simbólicos que lo amplían y enriquecen: el miedo, la sangre, el vacío, la oscuridad y la luz. Sin embargo, Galindo sabe que para que la poesía sea metafísica, ha de ser también carnal, y se aplica a ello con obstinada sensibilidad. Sus poemas utilizan un arsenal de inquietantes metáforas, que hablan del absurdo ontológico y la zozobra existencial, pero lo hacen con un lenguaje dinámico, matérico, corporal. Una luz muy blanca, que a menudo se sutiliza hasta la transparencia, los enfoca a todos, y los versos breves, decantados con rigor, dejan traslucir una sonrisa, aun hablando del olvido o de la muerte. La poesía de Moisés Galindo denuesta la oquedad de todo, pero da ganas de vivir, y, pese a su delgadez, está llena. La nada de la que nos habla es una realidad tangible, en la que se refugia y perpetúa el ser. Cobra dimensión de cuerpo y hace posible el tacto y la pasión. El poeta subvierte la linealidad conceptual y llena el vacío de una esperanza tangible, de una materialidad invisible, pero afanosa. José Antonio Arcediano, el prologuista del volumen, lo ha sintetizado certeramente: “La nada deja de ser pura y simple ausencia del ser para convertirse en una especie de estado al que el ente (el yo individualizado) puede acceder y con el que puede confundirse, en el que puede diluirse, disgregarse…”. Dos asuntos más conciernen al poeta: la naturaleza y el sufrimiento animal (los gatos menudean en los poemas de Naturalezas muertas), como ya ha demostrado en entregas anteriores —en Aral, publicado en 2016, trata la devastación del mar de Aral, que fuera el cuarto lago más grande del mundo, y que los trasvases y la contaminación de los soviéticos han convertido en un desierto—, y el amor, que siempre irrumpe, como contrapeso o corroboración, en los alifafes existenciales. Estos son algunos poemas del libro:

EN TRÁNSITO

¿Y este crecer hacia la nada qué es sino mi sangre,
la oscuridad que en mí respira en forma de aire,
de mundo, de no?

IMPERMANENCIA

¿Por qué este puro movimiento
de la nada, esta luz que atraviesa
la sangre como una forma de amor?

TRANSFUSIÓN

¿Cómo habitar sin desasirme,
sin tomarte en mi nada
como lo haría un pájaro o un árbol?

XXXVI

No estás.

No sé qué hacer con tanto amor
en este piso vacío.

Continuar en la nada
nuestra propia casa.

Eduardo Moga

(Extracto de Eduardo Moga, “Lecturas en la prisión (y 5)”,
en su blog Corónicas de Españia, 18 de mayo de 2020).