Ángel Fernández Benéitez, poeta

«LA POESÍA TIENE QUE RECUPERAR LA NATURALIDAD DE LA EXPRESIÓN»

«Soy un autor periférico, autoterapéutico que escribo desde las emociones y que, en estos momentos, no tengo que demostrar nataliaada»

Natalia Sánchez

El poeta Ángel Fernández Benéitez acaba de publicar un nuevo poemario. Su título Memoria del ave encanecida, con prólogo del crítico y poeta Eduardo Moga.

-¿Cómo nace esta nueva obra?

-Este libro se escribió de una manera muy rara. Los libros de poesía se hacen por acumulación, en general. Sin embargo este surgió por una casualidad desventurada. Dejé el coche en el aparcamiento del instituto, me lié y cuando volví a por él estaba cerrado, por lo que me tocó ir a pie hasta mi casa. Cuando llegué a Los Tres Árboles, no había nadie pero empecé a oír cantar a un pájaro. De repente me di cuenta de que era el ruiseñor, a quien nunca había oído cantar. Me quedé con aquella especie de posesión. Este canto fue el detonante de este poemario que salió todo como a raudales. Luego tuve mucho tiempo para corregirlo y revisarlo. Por mucho que leía y releía volvía a las andadas, es decir, prácticamente no corregí nada. Hay anacolutos o neologismos… que no sé si nos aventureros o desventurados, pero que son.

-¿Es su poemario más osado?

-Yo soy clásico, y no lo puedo evitar [risas]. Tiene su parte clásica, su parte popular porque el verso corto lo hace cantarín, pero también cuenta con todo tipo de licencias empezando por el primer verso «A quien oscuro canta/ la noche lo desvela», lo que es un anacoluto porque tendríamos que decir a quien lo oscuro canta. Lo pensé mucho pero si lo cambiaba, variaba mucho.

-¿Por qué métricamente recurre al verso corto de nuevo?

-Lo hice en formato de alejandrino, pero era igual de machacón. Al ser el verso corto parece que te invita a dejar que suene. Esa sencillez me gustaba mucho. Yo siempre había utilizado el heptasílabo, lo mío son los imparisílabos [risas] y además me he ido reafirmado porque he ido descubriendo que da igual el verso que elijas, en realidad lo que importa son los pies griegos, que suene. El heptasílabo responde a esta estructura y me pareció cantarín, quizá un poco en exceso. Ese poemario es muy surrealista, como fue también Espirales. Además es mucho más folclórico porque tiene sus pespuntes etnográficos y está enraizado en el campo porque es un libro salvaje. Yo no soy original.

-¿Por qué?

-Yo creo que ahora es imposible soy original. Fui original en mi primer libro en Espirales que, sin duda, fue el más arriesgado que he escrito. Este nuevo quizá sea algo, pero es tan cantarín que mitiga el riesgo.

-Esa musicalidad que defiende no es muy frecuente en la actualidad.

-Sin duda… pero yo en estos momentos ya no tengo que demostrar nada. Lo que he escrito lo he hecho toda mi vida outside porque Espirales era excesivo; fue escrito en una situación excesiva, en plena mili en una situación extraña. Cuaderno de otoño está hecho con la tarea del albañil, día a día con mi libreta iba anotando. Luego La mar inmóvil nació como este último poemario aunque cuando se publicó más de medio libro se despachó porque era excesivo, pero quizá porque yo soy excesivo [risas]. En Blanda le sea y Epistolio hice muchas concesiones a muchas modas. Ángelica Tanarro en una ocasión me dijo que tanto a ella como a mí nos importante muy poco la voz del poeta, dado ambos pensamos que no existe. No obstante, hay algo en la poesía que te hace volver, es como una droga a veces insana y dañina y otras veces, resulta salutífera.

-Para usted ¿qué está siendo?

-En mi caso siempre ha sido una droga mala. Siempre ha surgido de estados convulsos, quizá hasta muy muy convulsos. Sin embargo Cuaderno de otoño es más reflexivo igual que Blanda le sea, pero creo que yo soy excesivo [risas].

-Como poeta ¿cómo se siente?

-Soy un poeta provinciano, periférico y no me puedo clasificar. No he estado en los círculos y tampoco me ha interesado. Mi carrera poética no ha sido muy amplia porque entre Espirales y el segundo volumen pasaron más de diez años. El camino va viniendo y he querido vivir. Ahora creo que soy poeta autoterapéutico, me quedé enganchado y el mono me lo quito con otra dosis aunque publicar sea secundario.

-No cree en la voz poética, cada uno de sus poemarios es distinto, pero en esta nueva aportación retoma los temas que ha tocado en otras de sus criaturas literarias.

-Alguien dijo en una ocasión que siempre escribimos el mismo poema. Siempre estamos dándole vueltas a lo mismo. Hay cuatro temas metidos en nuestra cabeza que solo emergen cuando quieres que no salgan [risas]. Lo que tú sientes, no lo puedes evitar. Yo no escribo desde la razón, no soy cartesiano. El pienso, luego existo, no va conmigo. Mi máxima sería siento, luego existo. Escribo desde las sensaciones, no puedo por menos.

-Un poeta bebe de otros. ¿Qué influencias reconoce en Memoria del ave encanecida?

-De los poetas místicos, de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, dado que el libro tiene ciertas venas de erotismo, de paisajismo y pasión, pero es un libro que habla de la nada y ellos hablan de Dios y en este libro nunca aparece un Dios. Además siempre está presente Claudio Rodríguez y Jesús Hilario Tundidor, aunque quizá en este libro estén menos que en otros. Claudio es la claridad y la luz y Memoria del ave… es la oscuridad. En Claudio Rodríguez hay muchas cosas y personas y en este no hay nadie. Hay primeras, segundas y terceras personas que nunca sabes a ciencia cierta quién es.

-Dice que es un poemario muy cantarín. ¿Le gustarían que le musicaran?

-A mí ya me ha musicado una persona cercana, mi cuñado José un poeta de un único libro extraordinario. Otro alumno de Lanzarote se encargó de poner música a un par de poemas de Perdulario. Quizá alguno de los grupos actuales me descubran y quieran hacerlo…

-Usted es muy activo en Facebook, ¿por qué?

-Hubo una época que escribía constantemente porque era terapéutico para mí y creo que también para otras personas. Me enseñó mucho. Ahora me da más reparo escribir en las redes, aunque debo de reconocer que ha supuesto una cosa muy agradable porque he conocido a muchos poetas y es un vehículo para mostrar la poesía a quienes no le gusta. Creo que la poesía nació popular y es, en el fondo, popular. Es bueno que a través de las redes sociales se democratice el acceso a la poética y que se acerque a ella la gente con mayor naturalidad. Además, los poetas tienen que recuperar la naturalidad de la expresión.

-Hay voces nuevas que están emergiendo en Zamora. ¿Qué opina?

-Hay nuevos autores a tener en cuenta, como el poeta Manuel Enrique Ferrero Rodríguez, un autor que es muy interesante, y tengo la suerte de que algunos alumnos con los que mantengo contacto por Facebook tienen versos muy interesantes que deseo que vean la luz.

-¿Presentará su última criatura literaria?

-Sí, a principios de octubre de la mano Manuel Enrique Ferrero Rodríguez como presentador, me hizo el prólogo de Oscuras epopeyas, todavía por publicar, y en ciudades limítrofes de la mano de la editorial, Los papeles de Brighton. Memoria no pensaba que viera la luz. Se lo mandé al editor, quien se ha encargado de todo. Desde que dejé de presentarme a premios siempre he editado de manera muy casual y sin pretenderlo.

-Y ¿verá la luz Oscuras epopeyas?

-No lo sé. Es un libro integrado por pequeños relatos de personajes antiheróicos, involucré a muchas más gentes que me hicieron dibujos. Es un libro que ha surgido a lo largo de 20 años y mantener el tono y el espíritu durante este tiempo es complicado, pero tiene un tono muy claro existencialista.

(Publicado en La Opinón de Zamora, 22 de agosto de 2016, p. 6)

Ángel Fernández Benéitez, agosto 2016

Entrevista a Teresa Domingo Català en Tarragona Ràdio

Teresa Domingo Català habla de Destrucciones y de Los Papeles de Brighton en Tarragona Ràdio. Audio completo de la entrevista (en catalán).

(Emitido en Tarragona Ràdio el 15 de julio de 2014 a las 10:30)

Entrevista capotiana a Luis Ingelmo

por Toni Montesinos

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Se me hace difícil contestar esta pregunta por la repentina aparición de ese «jamás», tajante, rotundo, fatídico. Jamás es mucho tiempo, más del que nadie podría soportar. Jamás suena a paraíso o a infierno, que son lo mismo. Y a mí me cuesta siquiera imaginar que me vaya a quedar para siempre en un mismo sitio: no lo he hecho nunca, ni pienso hacerlo. He vivido en urbes inmensas, en ciudades medianas, así como en pueblos. No quita que mañana por la mañana decida irme a vivir a Oslo, a Reikiavik, a Nuuk, o a la canadiense península del Labrador. Y quedarme por allí, qué sé yo, seis años, o diez, para después regresar aquí. O no. Sea donde fuere, tendría que ser una ciudad, eso queda fuera de toda duda. No soporto el provincialismo, que es expresión de la más arraigada de las dolencias humanas: la idiocia. Idiota, para los griegos de la Antigüedad, era el individuo personal, el privado, o sea, uno mismo. De ahí pasó al latín clásico significando «persona» para degenerar en el latín más tardío hacia «ignorante». A mí, la verdad, esta asociación entre persona privada e ignorancia me resulta muy sugerente: cuanto más se es uno mismo, más zopenco y más avestruz se es. Como que quien se emperra en su privacidad es que está, justamente, privado de algo: de lucidez, de apertura mental, de sutileza en sus observaciones. Así que dadme una ciudad, mejor cuanto más grande y más septentrional, que el resto ya vendrá por sí solo.

¿Prefiere los animales a la gente?

Esta es una curiosa distinción, la de animales vs. gente. He tenido el placer de tratar con algunos animales que mostraban cualidades más humanas que mucha gente. Es igualmente cierto, por otra parte, que me he topado con hombres más cafres que un bisonte en celo y con mujeres más ladinas que una arpía (ya sé que la arpía no es, propiamente, un animal que Lineo se sintiera a gusto clasificando, pero el símil se entiende, ¿no?). En cualquier caso, creo que, aunque no la deteste, no estoy particularmente cómodo rodeado de gente. Hay una especie de medidor interno en alguna parte de mi cerebro, o de mis tripas, que me indica y me avisa de si la dosis diaria de gente se ha sobrepasado. Llevo mejor, es verdad, la soledad que la compañía. Será porque soy poco rebañego y que le hago ascos visibles, sin disimularlos, al gregarismo. Me relaciono mejor, en este mismo sentido, con un gato que con un perro: no pongo en tela de juicio las cualidades de lealtad y empatía del cánido; sin embargo, la actitud mayestática e indiferente del felino me resulta más atractiva.

¿Es usted cruel?

No con los demás. Si en alguna ocasión mis acciones han sido crueles a los ojos de otra persona, tuvo que serlo sin que me apercibiera de ello: si he mostrado crueldad en mis gestos o actos, fue de manera involuntaria. La crueldad la reservo para mí mismo, pues siempre encuentro algún motivo para darme una colleja o para tiznarme el alma con improperios.

¿Tiene muchos amigos?

Tengo los justos. Podrían contarse con los dedos de las manos, e incluso con una sola mano.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Las amistades vienen y se van como los días: sin avisar. Mientras duran, son siempre bienvenidos los gestos amables y las palabras de apoyo. Una vez que se van, no me invade la nostalgia por ellas.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Sí, claro, igual que yo me decepciono a mí mismo y les decepciono a ellos. Así son las cosas, repletas de sinsabores. La decepción es una constante en la vida, se te aparece de modo fugaz cuando eres joven, pero conforme va pasando el tiempo se instala en tu interior paulatinamente para, más tarde, dar muestras de estar a sus anchas a la menor ocasión que se le conceda.

¿Es usted una persona sincera? 

La sinceridad está sobrevalorada y, a mi juicio, mal comprendida. En este teatrillo de ferias que es la vida, nadie es quien dice ser, ni nadie actúa impulsado por sus pensamientos o sus sentimientos. Todos mentimos a espuertas y todos ocultamos nuestras intenciones, por prudencia, por pereza o por malicia. Yo soy mil yoes, tantos como situaciones en las que me encuentro: en el trabajo surge un yo, distinto del que sale con padres y hermanos, diferente del que se muestra cuando estoy con mi propia familia, ni parecido al que trata con amistades o amigos. Soy, así pues, legión. ¿Cuál será la vara de medir que dictamine el principio de sinceridad válido para todos esos contextos? ¿Es que hay uno solo, acaso?

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Esta es, a mi juicio, una pregunta tendenciosa, porque establece que el tiempo, nuestro tiempo, si es que es nuestro, se divide en ocupado (el del trabajo) y desocupado (el libre). Me niego a participar en la publicidad de esta dicotomía, pues ya se vale por sí sola para ser hegemónica. Yo querría que mi tiempo no fuera de nadie, ni siquiera mío, que no tuviera que entregárselo a nadie para poder subsistir a diario y para poder proveer a mi familia. Que no fuera el reloj quien dictase mi actitud o mi actividad, sino el simple y genuino gusto por llevar a cabo una escritura, una lectura, un paseo, una enseñanza.

¿Qué le da más miedo?

Entrevistas como esta. También las metáforas del vampiro y el zombi (vivir para siempre estando, en realidad, muerto).

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

El rebaño humano, el descuido del detalle, la mala fe. Las espiritualidad dirigida por líderes religiosos o políticos que emponzoñan el pensar y el sentir haciéndolo monolítico y ritual.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Tenemos una tendencia a idealizar los oficios o actividades de los demás: el piloto de avión a merced de los vientos que le traen y le llevan sin destino fijo, el marino mercante que transporta felicidad por mil puertos exóticos, con un amor en cada uno de ellos, el astronauta que roza con las yemas de los dedos el horizonte infinito, que casi le hace cosquillas en la nariz a su dios, el bombero infatigable y altruista como ángel guardián que apaga los fuegos infernales, el actor de cine rodeado de lujos y atenciones, el rockero vocinglero siempre de gira, durmiendo cada noche en un hotel distinto y al que siguen sus groupies en sustitución de su madre, su esposa o su novia, el poeta que carga con el peso de sentimientos indecibles y lucha para conformarlos con la palabra justa al arrullo de la brisa entre los lirios de un paisaje de postal. Nada de eso es verdad: son todos mentira. Todos pierden la pátina de glamour que los rodea en cuanto la actividad se vuelve rutinaria, igual que la pasión se va por el desagüe con el primer pedo del novio enamorado al despertar por la mañana.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Me gustaría tener acceso a una piscina para poder nadar tanto como me lo pidiera el cuerpo, pero sin observadores ajenos ni compañías. O sea, no.

¿Sabe cocinar?

Sé poner ingredientes juntos en un recipiente y seguir una receta. Soy particularmente creativo con los bocadillos que me preparo, construyendo hipótesis de conjuntos disjuntos a partir de elementos que en un momento dado se me antojan apetitosos. Manipular los alimentos me proporciona un placer singular.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Al último pájaro dodo. Lo formularía como una entrevista, en términos bastante similares a los de esta misma. Le preguntaría por su experiencia personal antes de la aparición del hombre en su isla. Querría saber qué sentía ante animales depredadores de sus nidos (cerdos, perros, gatos, ratas), si preferiría cambiarse por el cazador que le perseguía escopeta en mano, o si ese aspecto rollizo con el que se le retrató en el siglo XVII se debía a la falta de ejercicio o a que su apetito voraz le llevó, estando en cautividad, a engordar desproporcionadamente. Pero, más que nada, querría saber qué se le pasaba por la cabeza cuando tuvo la ocurrencia de perder musculatura en el pecho y de permitir que se le acortaran las alas, cómo prefirió la celda del suelo firme al ancho cielo. Trataría, por fin, de tirarle de la lengua y que confesara si fueron las carreras con Alicia lo que acabó matándolo, o si, hambriento –como siempre–, se comió el dedal que la niña le había dado para usarlo como trofeo en la competición y se ahogó.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Verdad (bien usada).

¿Y la más peligrosa?

Futuro (mal usada).

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Solo a una persona, pero se trata de fantasías mentales. Aunque, en lugar de ser yo quien la matase, tendría el mismo efecto catártico y reparador si, pongamos por caso, la viera ahogándose en un río después de que su coche (imaginemos que se trata de una berlina azul marino, por mor del relato) se hubiera precipitado al vacío, que la pudiera observar impertérrito desde lo alto de un puente, que se la llevase la corriente y que jamás apareciera su cadáver.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Desaprenderlo todo. Huir de mitos y de dioses.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Niño y niña, arbusto, pájaro y mudo pez en el mar, aunque no necesariamente en ese mismo orden.

¿Cuáles son sus vicios principales?

Creer en los vicios.

¿Y sus virtudes?

No creer en las virtudes.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Vería que alguien me mira desde lo alto de un puente, sonriente y ufano, mientras mi berlina azul marino se hunde en las arcillosas aguas de un río. Tendría la mente en blanco, los pulmones encharcados y los ojos cegados. La muerte no llega en cinemascope, sino fría y callada.

Luis Ingelmo-LVPD2 Luis Ingelmo-LVPD1

(del blog de Toni Montesinos)

Entrevista capotiana a Carlos Juliá Braun

Por Toni Montesinos

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Castelórizo. Es esa isla diminuta del Dodecaneso que se encuentra frente a la costa turca; la isla griega más oriental. En ella se encuentra la Cueva Azul, seguramente la caverna más hermosa del mundo.

¿Prefiere los animales a la gente?

No puedes tener animales en un barco. No sé si es una respuesta.

¿Es usted cruel?

Se lo está preguntando a un poeta satírico… Solo cuando me provocan lo suficiente, que es con demasiada frecuencia (el Señor me perdone).

¿Tiene muchos amigos?

Prefiero tener amigas; pero, entiéndame, solo a efectos de mi vocación pastoral.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Que inviten a metaxá con prodigalidad o, en su defecto, se dejen invitar.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

La capacidad de decepcionar del hombre es infinita y consustancial a su naturaleza; si no fuera por eso, ¿de qué escribiríamos los poetas satíricos? ¿A quién convertiríamos los cristianos?

¿Es usted una persona sincera? 

En esa precisa cuestión fundamental se basa enteramente mi trayectoria como pastor de almas.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Navegando y orando.

¿Qué le da más miedo?

Perder la razón. Pero, como el Señor está de mi parte, suelo tenerla casi siempre.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

Hace mucho que no veo la televisión.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

En realidad no soy escritor: soy un marino con cierta predisposición a la prédica piadosa y a la sátira como ejercicio verbal, lo cual me convierte en escritor como efecto colateral, y en protodiácono greco-melquita en un complejo nudista solo gracias a la enorme generosidad de mi amigo el M. I. y Rvdmo. archimandrita padre Arkadios González y a un diploma que le había comprado online a la Universal Life Church (Modesto, California). Además, como hay que ganar dinero para mantener los aparejos del barco, también soy calafate, como mi padre; y, para malgastarlo, en los ratos libres abro una galería de arte. Pero, en definitiva, creo que nada de lo que hago me determina tanto como mi actividad de piloto de barco ni querría ser otra cosa.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

La navegación es algo ciertamente físico, aunque no dude que tiene una vertiente espiritual. En cuanto a la prédica del Evangelio, el archimandrita Arkadios podrá atestiguar que a veces me ha costado espesos sudores.

¿Sabe cocinar?

Soy perfectamente capaz de abrir latas de conservas sin sufrir un solo rasguño; y preparar cócteles es parte de mi programa pastoral de los últimos veranos, en que colaboro con el archimandrita Arkadios en su comunidad en Creta.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A Cecilia Giménez.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Promesa.

¿Y la más peligrosa?

Compromiso.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

En algún período sórdido de mi vida, haber tenido a mano un objeto contundente habría sido fatal. Afortunadamente, el Señor los alejó de mi alcance.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Tengo tendencia a no votar a los que, habiendo gobernado, han demostrado ya que no nos representan. Por hablar del ejemplo español, me refiero a partidos integrados indisolublemente en redes de corrupción; a políticos enrocados en sus privilegios de casta: PP, PSOE, IU o los nacionalistas. Mire que aquí me he puesto serio.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Miembro del equipo de George Clooney en Ocean’s Eleven.

¿Cuáles son sus vicios principales?

La pereza.

¿Y sus virtudes?

Un magnífico bronceado.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Desgraciadamente, no necesito imaginármelo: en cierta ocasión, hará unos veinticinco años, singlando por el estrecho de Mesina, estuve a punto de ser engullido por el espíritu de Caribdis. Fue el primer barco que perdí, pero durante unos minutos pensé que no iba a ser eso lo peor que perdiera. Usted va a pensar que bromeo cuando se lo cuente, pero nada de lo que he dicho en esta entrevista ha sido más en serio… En esos instantes dramáticos se me vino a las mientes aquella secuencia de Atrapa a un ladrón en la que Cary Grant besa a Grace Kelly mientras esta lo tienta con su gargantilla de falsos diamantes e iluminan el cielo los fuegos artificiales. Aquellos fotogramas de un 1955 que se nos antoja castísimo, casi antediluviano, convirtieron a muchos de los que vimos aquella película de Hitchcock –incluso a los que ya la vimos en épocas mucho más liberales– en sátiros admiradores de una mujer sobrenatural a la que no había en el mundo corona de princesa que hiciese justicia. Quizá no se lo crea, pero ese cuello, esa piel blanca, ese rostro de ángel y ese beso fueron lo que pasó ante mis ojos cuando estuve a punto de morir ahogado. Que Dios, en su infinita misericordia, perdone mis pecados.

Carlos Juliá Braun, Siete sonetos piadosos

(Del blog de Toni Montesinos)

Entrevista capotiana a Carlos Jover

Por Toni Montesinos

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

El sótano de Kafka, en el que soñaba vivir escribiendo sin interferencias. Alguien tocaría la puerta de vez en cuando y cuando sus pasos hubiesen delatado que ya se habría marchado, abriría la puerta para recoger la bandeja con la comida allí depositada.

¿Prefiere los animales a la gente?

Me quedo a solas con el animal que llevo dentro.

¿Es usted cruel?

Nunca lo suficiente.

¿Tiene muchos amigos?

Se pueden contar con los dedos de sus manos, que guardo como amuletos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

La generosidad para conmigo, es decir, lo que se entiende por verdadera amistad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Mucho menos que mis enemigos.

¿Es usted una persona sincera? 

Cuando no queda otro remedio, sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Lo que más me gusta en el tiempo libre es contestar entrevistas.

¿Qué le da más miedo?

Mis pensamientos en la oscuridad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La estupidez humana que deriva en intolerancia y pensamiento único. Lo políticamente correcto, origen de casi todos los males sociales.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Me hubiera gustado ser Mick Jagger.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

La crítica de la razón práctica, como el gran Inmanuel.

¿Sabe cocinar?

Sobre todo prosa.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Ya lo he dicho, a Mick Jagger.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Sabiduría.
¿Y la más peligrosa?

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

¿Sólo alguna?

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Casi nunca las de la mayoría.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

¿Otra vez? Mick Jagger.

¿Cuáles son sus vicios principales?

A veces río demasiado fuerte. Otras, pienso bien de la gente sin suficiente fundamento.

¿Y sus virtudes?

De eso no se puede tener si no te has muerto.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Que estoy pasando de un caldo caliente, compuesto por los detritos de millones de respiraciones y excreciones varias de millones de seres (el aire), a otro caldo caliente tal vez más limpio.

Foto CJ 2 (1)(Del blog de Toni Montesinos)