Crónica gráfica de la presentación en Madrid de ‘Acaso el tiempo’

Ayer, una emotiva lectura de José Luis Pernas, con la estupenda introducción de Jorge Rodríguez Padrón.

José Luis Pernas / Acaso el tiempo

JLP

 José Luis Pernas, Acaso el tiempo. Poesía reunida, 156 pp.
Prólogo de Jorge Rodríguez Padrón
Colección Mayor, 3 / Poesía
ISBN: 978-84-945158-0-4

Los Papeles de Brighton reanudan su actividad editorial con la publicación de la poesía reunida de un canario afincado en Madrid, José Luis Pernas: Acaso el tiempo. La obra de Pernas -dice su prologuista, otro ilustre isleño-, se caracteriza desde su primer poemario por «la mirada limpia del niño que, en cierta medida, no habrá de abandonarle nunca».

José Luis Pernas nació en las Islas Canarias en 1943. En sus años universitarios de La Laguna (Tenerife), y con el grupo de poetas que poco después tendrá presencia pública en la antología Poesía canaria última (Las Palmas, 1966), contribuye al nacimiento de la colección Mafasca en 1963. Al año siguiente se traslada a Madrid, donde continúa sus estudios de Ciencias Físicas en la Universidad Complutense y donde reside ininterrumpidamente desde entonces. En 1967 obtiene el Premio Litoral (Málaga) y, en 1983, el Gredos (Arenas de San Pedro).

Su obra publicada incluye Hombre aprendiendo (Las Palmas: Mafasca, 1964), Cuaderno de urgencia (Madrid: Facultad de Ciencias de Madrid, 1965), Vértigo 6 y medio (Las Palmas: Mafasca para Bibliófilos, 1976), Renacimiento (Madrid: Taller de Ediciones JB, 1977), Oficio elemental (Madrid: Ayuntamiento de Arenas de San Pedro, 1984) y Que no sea el olvido (Las Palmas: Anroart, 2010): cuadernos breves, de corta tirada y difusión muy irregular, razón por la cual decide revisarlos, reordenarlos y reunirlos hoy –junto a una serie de inéditos– en Acaso el tiempo.

Comprar: € 15,60.

Eduardo Moga sobre ‘Destrucciones’, de Teresa Domingo Català

DESTRUCCIONES

Eduardo Moga

Teresa Domingo Català vive en Tarragona, una de esas provincias que no parece existir para la poesía, pero que, en cambio, alberga una nutrida comunidad de autores, tanto en castellano -lo que tiene un mérito singular, dadas la condiciones socioculturales del lugar- como en catalán. Entre los primeros, por ahí andan, sin dejar de dar guerra, a pesar del silencio, o incluso del desdén, en que los mantienen las diferentes capitalidades que hay que sufrir en este país, Ramón García Mateos, Alfredo Gavín, Juan López-Carrillo, Ramón Oteo, Juan Carlos Elijas, Manuel Rivera, Enrique Villagrasa o la propia Teresa Domingo, entre otros. Yo la había conocido hacía algún tiempo ya, en recitales o encuentros poéticos, pero había sido un conocimiento fugaz, de esos que se hacen, a trompicones, en los actos literarios. Sin embargo, no fue hasta hace cuatro años, a finales de 2010, cuando tuve la posibilidad de detenerme un poco más en su obra y en su persona. Teresa me pidió que presentara en Barcelona Luzbel de penumbra, un excelente poemario que había publicado en El Gaviero, la editorial de la llorada Ana Santos. Yo no hacía mucho que había publicado en la misma editorial Los haikús del tren, y aquella coincidencia reforzó nuestra aproximación. Presentamos Luzbel de penumbra en la sala gótica de la librería Catalonia, hoy desaparecida: otra realidad que añoramos.

Eduardo Moga y Teresa Domingo Català

Desde entonces, he seguido con interés la trayectoria de Teresa, que se desarrolla en tres ámbitos fundamentales: la poesía, la poesía erótica y el teatro. Publica ahora un nuevo poemario, Destrucciones, en Los Papeles de Brighton, el benemérito sello de Juan Luis Calbarro, en el que yo también he dado a conocer mis Décimas de fiebre: una nueva confluencia editorial. Sorprende de Teresa, en primer lugar, la versatilidad, y no solo por su dedicación a la literatura dramática: en su faceta estrictamente lírica, encontramos coplas, sonetos, poemas experimentales, piezas satíricas, proclamas eróticas y ahora, en Destrucciones, poemas en prosa. Son treinta y siete, sin título -solo identificados por números romanos-, que componen una obra compacta, de extraordinaria coherencia. El poema en prosa constituye una piedra de toque para todo escritor, porque obliga a repensar las estrategias poéticas: porque exige nuevos asedios de la palabra y una adecuación singular del pensamiento al flujo de la escritura. Los mecanismos constructivos, las apoyaturas de los ritmos y de los pies clásicos, las convenciones de la retórica, a las que todos estamos hechos, no sirven -al menos, no de forma inmediata- para la composición de poemas en prosa. Escribirlos supone un desafío, y Teresa Domingo se lo ha impuesto con la deliberación del creador que busca caminos, no sé si nuevos, pero sí otros, vías intransitadas, territorios desconocidos: ese atrevimiento la acredita como poeta, aunque tantee, incluso aunque fracase.

Pero en Destrucciones no fracasa: resuelve el reto de esta forma distinta de hacer poesía, menos evidente, más sembrada de trampas y oquedades, con la brillantez que ya había acreditado en sus libros anteriores. Su autora ha escrito del poemario que «traduce el intenso sufrimiento de la destrucción de la identidad (…). El dolor de la muerte del yo, el intenso terror de sentir cómo se fragmenta el interior de un ser humano y se destruye… Las únicas salidas a la desesperación son el estoicismo y la literatura: resistir es la única opción». Teresa Domingo afirma este propósito y esta salvación con lúcida intensidad: su forma de relatar el desmoronamiento de la conciencia, la anulación del ser, no se aparta de su estilo, sino que lo acentúa, lo radicaliza. En toda su obra, la poeta se ha expresado con violenta energía, con espíritu sangrante. Su palabra ama lo material, o, mejor dicho, lo matérico. La metáfora constituye un instrumento esencial para la expresión de ese afán torturado, de esa voluntad de hincar en el verbo todo el peso del cuerpo y del sentimiento, de arrancar de las entrañas del lenguaje un sentido nuevo y un sonido desnudo. Teresa no se anda con levedades ni con dulzonerías. Su decir es desagarrado, hiriente (porque ella está herida), anatómico, femenino, turbulentamente musical; y también chirriante, porque la poesía ha de chirriar a veces, como chirrían los grillos, o los pájaros, o los motores de las máquinas, o el pensamiento, o la vida. Uno se mete en sus versos como quien mete las manos en una masa muy espesa, aromática, pero también acre; una masa que, además, cambia de color: a veces es negra, a veces arcoirisada, pero siempre del color de la sangre. Los poemas de Destrucciones son bofetones armoniosamente dados, con equilibrio y dolor. Este es uno de ellos:

XXI

Se alían el cieno y la penumbra. Germina la desolación como un edificio abandonado. Se abisma el amor, sus garfios retroceden. El verano aumenta el terror con su fluidez. Los niños fluyen, el miedo se acrecienta. Viajo con calzador, describo la muleta. La vida se superpone en su vasto vergel y se transforma, el corazón se aterra. Crece en mí la hierba de la destrucción, la siento crecer en mi cuerpo mutilado, la siento crecen en la cruz, en el hoyo, con la brutalidad del asesinato de César. Se alza en mí la crueldad y los viejos visten mi coraza, ahora solo espero el alivio, el consuelo de la noche. Nocturna, soy como una estrella muerta en el regazo de su madre. Mi sangre estalla entre las venas y parpadea unos segundos antes de morir. Me reflejo en el origen, en la consunción. Soy pura lava que desciende hasta el barranco que tiembla en su intensidad y después se apaga, suicida. Soy la Mesías del Anticristo, la consejera del Apocalipsis. En mí, sucede. Vivo en la fragua. Allí me despedazan. Soy materia ígnea, sebo. Sobrevivo entre metales, entre terrores y me siento calcinar por la hoz incandescente de la vibración selvática.

(Del blog de Eduardo Moga, Corónicas de Ingalaterra)

Un poema de ‘Destrucciones’, de Teresa Domingo Català, en la web de Juan López-Carrillo

El poeta Juan López-Carrillo ha tenido la amabilidad de dar en su web noticia de la publicación del último poemario de Teresa Domingo Català. En una entrada de su blog reproduce el poema final de Destrucciones.

Podéis visitarlo aquí:

Juan Lopez-Carrillo

La presentación de Los Papeles de Brighton, en ‘Zamora News’

POESÍA ZAMORANA A DEMANDA

Alberto Ferreras

Una iniciativa de un editor zamorano a la que se han sumado también, entre otros, dos poetas afincados en esta tierra ha visto la luz bajo para dar salida a libros de corte no tan comercial y de géneros más minoritarios.

Además, la editorial Los papeles de Brighton tiene la peculiaridad de utilizar Internet como canal de distribución de los libros en papel y de publicar el número de ejemplares «a demanda». La iniciativa, impulsada por Juan Luis Calbarro, se presentó esta noche en la Biblioteca Municipal de La Candelaria.

Calbarro explicó que desde que la nueva editorial vio la luz a finales de noviembre ya ha publicado ocho títulos, principalmente de poesía y ensayo. La impresión se hace según la demanda y la venta casi exclusivamente a través de Internet, lo que evita los «peajes de la edición tradicional».

Entre los autores que han publicado con Los Papeles de Brighton figuran los zamoranos Luis Ingelmo y Julio Marinas. Ambos asistieron esta tarde a la presentación de la editorial. Ingelmo publió con la nueva editorial Aguapié, un libro de poesía escrito a mediados de los años 90 que había quedado en un cajón hasta que el pasado mes de diciembre lo rescató Los Papeles de Brighton. Se trata de un poemario que supone «un conjunto heterodoxo de poesía poco española, en la línea estadounidense», declaró el autor.

Por su parte, Julio Marinas recopila sus cuatro poemarios, dos de ellos inéditos, en otro de los libros de la nueva editorial. Marinas vio lógico el sistema de impresión a demanda ya que los editores que emprenden este tipo de aventuras no quieren arriesgar en exceso. Eso tiene un lado positivo ya que permite «dar salida a poesía que no tiene cabida en editoriales más grandes».

Luis Ingelmo, Juan Luis Calbarro y Julio Marinas en la Biblioteca Pública Municipal de la CalendariaEn la foto, de izquierda a derecha, Luis Ingelmo, Juan  Luis Calbarro y Julio Marinas (foto: Alberto Ferreras para Zamora News)

(Publicado en Zamora News, Zamora, 8 abril 2014)