Eduardo Moga / Homo legens

Cubierta de 'Homo legens'

Eduardo Moga, Homo legens, 306 pp.
Colección Mayor, 7
ISBN: 978-84-947593-1-4

Se trata del quinto volumen recopilatorio de reseñas críticas y ensayos literarios del poeta, ensayista y crítico barcelonés; los anteriores fueron De asuntos literarios (2004), Lecturas nómadas (2007), La disección de la rosa (2015) y Apuntes de un español sobre poetas de América (y algunos de otros sitios) (2017). El libro incluye secciones de crítica de obras en español, en inglés y en otras lenguas.

Eduardo Moga (Barcelona, 1962) es licenciado en Derecho y licenciado y doctor en Filología Hispánica. Es autor de los poemarios Ángel mortal (1994), La luz oída (1995, Premio Adonáis), El barro en la mirada (1998), Unánime fuego (1999), El corazón, la nada (1999), La montaña hendida (2002), Las horas y los labios (2003), Soliloquio para dos (2006), Los haikús del tren (2007), Cuerpo sin mí (2007), Seis sextinas soeces (2008), Bajo la piel, los días (2010), El desierto verde (2011), Insumisión (2013), Dices (2014) y Muerte y amapolas en Alexandra Avenue (2017). Shearsman ha publicado una antología poética suya en versión de Terence Dooley: Selected Poems (2017). Crítico, traductor y ensayista, ha publicado dos volúmenes de Corónicas de Ingalaterra (2015 y 2016) y varios volúmenes de viajes y de crítica literaria. Codirigió la colección de poesía de DVD Ediciones (2003-2012) y desde 2016 dirige Editora Regional de Extremadura. Mantiene el blog Corónicas de Españia. Vive en Mérida.

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Luis Ingelmo / El crujido de la amapola al sangrar

Luis Ingelmo, 'El crujido de la amapola al sangrar'

Luis Ingelmo, El crujido de la amapola al sangrar, 322 pp.
Colección Mayor, 5
ISBN: 978-84-945158-1-1

En El crujido de la amapola al sangrar, segundo de sus libros en nuestra casa, Luis Ingelmo recoge lo mejor de su producción crítica y teórica entre 2007 y 2015. Lector impenitente y eficacísimo, este castellano que durante años fue profesor en Chicago parece incapaz de renunciar a dejar por escrito las impresiones obtenidas de sus lecturas. Experto conocedor de la literatura norteamericana, pero también de la anglosajona en general, y de la española –y de la hispanoamericana–, con El crujido aporta un panorama personal pero muy completo y actual de la narrativa y la poesía de los Estados Unidos, además de un buen manojo de agudas reflexiones sobre su recepción en España; la necesaria desmitificación del Bukowski que nos han vendido; lecturas de Burroughs, Whitman, Eliot, Kerouac o Carver; un amplio repaso por las obras de autores imprescindibles y poco conocidos en nuestro país, como Larry Brown o Delmore Schwartz; incursiones en el territorio del guion cinematográfico (Coen, Scorsese, Tarantino); visitas esporádicas a las literaturas hispánicas vía Roberto Arlt, Daniel Chavarría y Fernando Vallejo, o José María Fonollosa y Avelino Hernández, o incluso Pessoa…

Por razones evidentes, es también un fruto maduro y ejemplar de la literatura comparada y, a ratos, un pequeño manual de traducción literaria. Tiene mucho que ver con ello el hecho de que Ingelmo sea hoy uno de los mejores traductores españoles, habiendo vertido al idioma de Cervantes a autores como Larry Brown, Martin Carter, Thomas MacGreevy, Wole Soyinka, Natasha Trethewey y Derek Walcott; y al de Shakespeare, en colaboración con el poeta irlandés Michael Smith, a otros como Verónika Volkow, Elsa Cross, Claudio Rodríguez, Aníbal Núñez, Fernando de Herrera o Gustavo Adolfo Bécquer. Y eso se refleja en algunas de las mejores piezas que recoge el volumen. Su trabajo sobre la relación entre la obra de Claudio Rodríguez y la de su traducido T. S. Eliot es clave para entender la figura y la poesía del zamorano; y, en general, sus reflexiones sobre la traducción literaria son obligadas para cualquiera que pretenda dedicarse a esa actividad a medio camino entre la traición y la per-versión. Un par de jugosas entrevistas al autor completan este magnífico volumen y, con él, amplían una bibliografía personal que también incluye el libro de relatos La métrica del olvido (2011) y el poemario Aguapié (2013).

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Fernando Navarro / Socialistas utópicos

Socialistas utópicos

Fernando Navarro, Socialistas utópicos, 202 pp.
Colección Minúscula, 9
ISBN: 978-84-945158-7-3

Socialistas utópicos es una colección de semblanzas mediante las cuales Fernando Navarro no solo nos devuelve –vivos– a una serie de pensadores (Saint-Simon, Enfantin, Owen, Fourier, Cabet, Noyes) que, per se o a través de los filósofos de la izquierda hegeliana, ejercieron una enorme influencia en el pensamiento político de los siglos XIX y XX, con consecuencias fácticas abrumadoras. Además, y por medio de una prosa llena de discreta ironía, deja en evidencia lo desproporcionado de esa influencia en relación con la relativa consistencia intelectual que cabe atribuir a estos autores. Casi ninguno de los utópicos recogidos en este volumen dejará de inspirar en el lector cierta condescendiente ternura.

Fernando Navarro (Madrid, 1964) es licenciado en Derecho por la Universidad de Alcalá de Henares y MBA por el Instituto de Empresa de Madrid. Ha ocupado varios cargos de gestión en la administración balear. Actualmente es diputado en Cortes por las Islas Baleares. Es coautor de El patriota insufrible (2014), junto con Belosticalle, y de publicaciones electrónicas como Escenas del populismo ruso, Episodios del Völkitsch, IG Farben y Realismo político italiano. Mantiene el blog Navarth, en el que escribe sobre política y otros asuntos.

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Los Papeles de Brighton reeditan a Carlos Jover y Jorge Rodríguez Padrón

Carlos JoverProgresivamente iremos alternando la publicación de obras nuevas con la reedición de nuestros títulos agotados.

Ya están a la venta las segundas ediciones de Bajo las sábanas, del mallorquín Carlos Jover (Colección Minúscula, 4); y Algunos ensayos de más, Jorge Rodríguez Padróndel grancanario Jorge Rodríguez Padrón (Colección Mayor, 2). Con ellos vuelven al escaparate, respectivamente, una magnífica e inclasificable ficción de contenidos éticos y un manojo de jugosas reflexiones sobre memoria, identidad y democracia.

Gracias a los dos por seguir confiando en Los Papeles de Brighton.

Arturo Muñoz sobre ‘Leer para vivir’, de Juan Jiménez Castillo

En el proceloso panorama de la educación en Baleares, la voz de Juan Jiménez Castillo se distingue con luz propia. Mientras otros se sirven de la educación a modo de coartada para divulgar convicciones ideológicas que apenas disimulan un proyecto político, Juan Jiménez procede de forma radicalmente diferente. En sus libros – y éste es el tercero que publica en tres años- se adentra rigurosamente en las deficiencias reales de la práctica docente diaria, y lo que es más importante todavía, propone formas efectivas de mejorarla. No es casualidad que llegue tan lejos, pues el lector comprobará que a un profundo conocimiento del marco teórico y sus tendencias, suma la experiencia real del terreno que pisa –el de las aulas – soslayado precisamente por algunos de los que más elevan el tono en temas educativos. Insisto: no es lo mismo valerse de la educación que servir a la misma.

Pese a que nadie ignora la trascendencia de la lectura como habilidad fundamental, las revelaciones que hace Juan Jiménez con su fino análisis, le dejan a uno pensativo. En lugar de repetir argumentos trillados a los que se recurre habitualmente como cortinas de humo –pedir sin más la implicación de las partes o atribuir toda deficiencia a los condicionantes económicos- nuestro autor centra su investigación en causas internas relativas al ejercicio profesional de la enseñanza en las aulas, sin atribuirlas, como se acostumbra muy a la ligera, a factores externos. Su testimonio de que en las escuelas de Baleares se dispone de un enfoque sobre cómo aprender a leer, pero no de un verdadero método de aprendizaje, confirma la sospecha de que no siempre ha triunfado el mejor modelo pedagógico posible, por enjundioso y sugerente que suene su nombre (Teberovsky). Si sumamos a esto que el mismo marco legal –la LOE- no impulsa el desarrollo de la lectura por no contemplarlo como objetivo finalista hasta la educación primaria -siendo factible adelantarlo al segundo ciclo de la educación infantil-, o que los equipos de las escuelas de Infantil y Primaria no siempre hayan acordado ni discutido qué es lo que más conviene a los niños, resulta patente que se deben hacer mejoras profesionales concretas. En nada se parece todo ello a hacer meras declaraciones de buenas intenciones.

En Leer para vivir, Juan Jiménez revela una situación paradójica. Pese a que nadie niega la trascendencia de adquirir la habilidad de la lectoescritura, resulta que ha triunfado en las escuelas la renuncia a ejercer el papel de verdadero estímulo que desarrolle el potencial de los niños en cuanto brota. Un potencial innato, que ve mermada su capacidad de crecimiento exponencial si no es aprovechado a tiempo, cuando no se malogra. La causa radica en el constructivismo, en un pseudoprogresismo mal entendido que idealiza y eterniza el juego, y en los efectos de lo que Basil Bernstein denominó pedagogías implícitas. Combinando la ironía del experto y el rigor del científico, Juan Jiménez analiza la suma de esos factores, y demuestra sus verdaderas consecuencias. Así pues, los juzga por sus resultados en lugar de por la magia retórica con las que son promovidos, como si la innovación que los caracteriza fuera un fin en sí mismo. No se aprende a leer hojeando, mirando o jugando con los libros -sino que se necesita una labor metódica previa- y, mucho menos todavía, se debe renunciar a las cartillas de lectura. La progresiva desaparición de estos materiales redunda en otra consecuencia indeseable: se extingue la provechosa posibilidad de colaboración de los padres, que ni tan solo pueden prolongar la labor del maestro en casa, fomentando el hábito y el placer de leer. Precisamente en este sentido, Juan Jiménez reivindica la experiencia positiva de las escuelas de padres. Y expone un programa por niveles en los que éstos formen parte de la comunidad educativa (maestros, niños y padres), adquiriendo estrategias prácticas fáciles de llevar a cabo.

Por último, una simple reflexión sobre los posibles defectos de las ciencias humanas frente a las ciencias naturales, que supuestamente los superaron hace siglos. Juan Jiménez Castillo está en el grupo de los que dignifican el estatus de la Pedagogía, inclinándola del lado de la ciencia y alejándola del de la propaganda, motivo por el que no siempre ha salido bien parada del ruido mediático de quienes más dicen defenderla. Los que hemos tenido en ocasiones anteriores la grata experiencia de descubrir -gracias precisamente a la lectura- obras y fuentes que las versiones deformadas de los hechos pretendían escamotearnos, tenemos con Leer para vivir, un ejemplo vivo de lo que su título anuncia. Y una prueba de cómo hay que proceder y por dónde empezar, si realmente se pretende mejorar la realidad educativa española.

(Prólogo del libro Leer para vivir, leído durante su presentación el 17 de octubre de 2014 y publicado en el blog de Arturo Muñoz el 25 del mismo.)

Juan Jiménez Castillo y Arturo Muñoz

Eduardo Moga sobre Jorge Rodríguez Padrón

CON JORGE RODRÍGUEZ PADRÓN Y JUAN LUIS CALBARRO

Eduardo Moga

He quedado a comer hoy con Jorge Rodríguez Padrón y Juan Luis Calbarro en un restaurante llamado Giraffe, cerca de la estación de Victoria. Juan vuelve hoy de España, con sus hijos, Coral y Miguel, y desde Gatwick, en lugar de virar a Brighton, al sur, lo ha hecho a Londres, al norte, para reunirse con nosotros. Jorge, por su parte, tiene a un hijo en la ciudad desde hace años, y viene con frecuencia a visitarlo. En 2007, tuvo la amabilidad de presentar mi poemario Cuerpo sin mí en la escuela de letras Hotel Kafka, de Madrid; luego, incluso le ha dedicado a mi poesía alguna consideración crítica, que le agradezco fraternalmente. No obstante, no hemos tenido demasiado trato estos últimos años, y me apetece mucho charlar con él. Juan le enseña primero un ejemplar de Algunos ensayos de más, que Jorge acaba de publicar en Los Papeles de Brighton. Prosigue, así, una trayectoria crítica admirable, en la que Jorge se ha significado, con especial énfasis, por el análisis de la literatura canaria y de la literatura hispanoamericana, aunque, nos cuenta, ha abandonado las consideraciones locales -por amplias que sean, como las de la poesía del otro lado del Atlántico- para embarcarse en exámenes universales, como la influencia oriental en el surgimiento del Romanticismo. De Jorge me admira, con frecuencia, esa capacidad que tiene para establecer nexos, más aún, órbitas, una capacidad que, a lo largo de mi vida, en España, solo he constatado en unos pocos humanistas, como José María Valverde o Martí de Riquer (que no es casualidad que firmaran juntos una impagable historia de la literatura universal). Valverde, por ejemplo, de quien fui alumno, podía urdir una clase empezando por Antonio Machado, saltar (sin acrobacias: pertinentemente) a Ludwig Wittgenstein, darse desde el austríaco una vuelta por, digamos, las danzas de la muerte medievales, remontarse hasta el Libro de los Salmos, brincar otra vez, pero dando la impresión de que se deslizaba, hasta Marx, y aterrizar nuevamente en nuestra época, de la mano de César Vallejo, todo ello sin perder el hilo, ni recurrir a ripios docentes, ni alterar la voz. Así también Jorge Rodríguez Padrón, aunque, por una de esas frecuentes crueldades españolas (que son, en realidad, desidia y malquerencia, hijas de este intratable país de cabreros que seguimos siendo), su obra crítica -fundada, también, en un estilo singularísimo, de bucles y ramificaciones que se exploran a sí mismos- es aún menos conocida de lo que debiera. Como he escrito en algún sitio, me asombra que un ensayista de su calidad no disfrute de una presencia mayor, y hasta privilegiada, en las tribunas literarias españolas, y eso es algo que solo puedo calificar como un desperdicio: nuestro país, que se conoce que va sobrado, se permite cosas así. Pero Jorge no es solo un escritor grave, sino también un hombre lleno de humor, y tanto Juan como yo disfrutamos de él en la comida. El repaso a los personajes y personajillos que componen la farándula poética es ineludible, y nos aplicamos a él con jubiloso ahínco. Le dedicamos a los literatos canarios una atención especial. Es lógico: Jorge es canario y conoce muy bien a los autores de las islas. Yo cuento que no he tenido suerte con los poetas canarios, gente susceptibilísima y espiritualísima, con los que no he podido (o sabido) conectar, aunque siempre haya alguna excepción, como Ricardo Hernández Bravo, a quien los tres consideramos una persona y un poeta excelentes, y un gran amigo. También hablamos de cierto vate grancanario con quien a menudo se confunde a Jorge, para su aflicción. Dicho poeta, cuya lista de premios sobrecoge (entre los que se cuenta alguno tan pintoresco como la Medalla de Oro de la Cultura China), y que ha llegado a postularse para el Premio Nobel, ha publicado dos volúmenes de una epopeya monstruosa, un “canto universal a las islas canarias”, aunque minúscula en relación con su proyecto global: componer una epopeya sin precedentes en la historia de la literatura (sic), de más de 100.000 versos, ante la que palidecerían La Odisea La Ilíada, que solo tienen 5.000 y 12.000 versos, respectivamente. El océano de la literatura, ciertamente, está habitado por criaturas extrañas. Pienso en este émulo archipelágico de Gilgamesh, dedicando veinte años -eso afirma que le llevará culminar el proyecto- a pergeñar algo tan anacrónico como un poema épico nacional, un género enterrado desde hace siglos en los sótanos de la historia, y se me abren las carnes. ¿Quién puede estar tan trastornado de grandeza como para hacer algo así? ¿Quién puede creer que eso le abrirá las puertas de la gloria? La conversación, por fortuna, no se queda en este friqui del endecasílabo, y sigue desarrollándose por todos los rincones del panorama poético patrio. Nos reímos, desde luego, pero también nos entristecemos un poco, que es lo que siempre ocurre con la sátira. Tomamos postres, tomamos tés (ellos; yo sigo fiel al café) y, por fin, reídos, vaciados, nos despedimos y nos abandonamos a la lluvia, que vuelve a caer, mansa, después de una mañana de sol acariciante.

jorge2 Eduardo Moga

(Del blog de Eduardo Moga, Corónicas de Ingalaterra)

Jorge Rodríguez Padrón / Algunos ensayos de más

Jorge Rodríguez Padrón, Algunos ensayos de más

Jorge Rodríguez Padrón, Algunos ensayos de más, 154 pp.
Colección Mayor, 2 / Ensayo
ISBN: 978-84-945158-5-9 (segunda edición)

En Algunos ensayos de más, el canario Jorge Rodríguez Padrón reflexiona sobre asuntos diversos como la memoria como elemento constitutivo de la identidad, sobre la cultura de masas y sobre la democracia. El lector encontrará pronto que esa diversidad no es tal: el ensayista, en realidad, siempre le habla de lo mismo.

A la venta la segunda edición (2016).

Jorge Rodríguez Padrón nació en Las Palmas, Islas Canarias, en 1943. Doctor en Filología Románica, catedrático de Literatura, periodista y profesor asociado en la Universidad Complutense (Madrid) y visitante en la ULPGC (Las Palmas) y en la Brigham Young University (Utah, USA).

Aunque en 1968 publicó una breve entrega poética, Geografía e Historia (Mafasca, Las Palmas), se ha dedicado exclusivamente a la crítica literaria y al ensayo. Algunos de sus libros son Domingo Rivero, poeta del cuerpo (Madrid, 1967), Octavio Paz (Madrid, 1976), Antología de Poesía Hispanoamericana, 1915-1980 (Madrid, 1984), Lectura de la poesía canaria contemporánea (Islas Canarias, 1991), Salvando las distancias (Tenerife, 2002), El barco de la luna. Clave femenina de la poesía hispanoamericana (Caracas, Venezuela, 2005), El discurso del cinismo (Tenerife, 2006), La memoria y sus signos (Tenerife, 2007), Dietario del margen (Tenerife, 2010), Oyendo lo que algunos dicen públicamente. Debates sobre poesía española (Madrid, 2010), En la patria perdida. Perspectivas y lecturas del romanticismo (Madrid, 2013), Variaciones sobre el asunto. Ensayos de literatura insular (Las Palmas, 2015) o Memoria y lectura de (casi) cincuenta años (Las Palmas, 2016).

Comprar: € 16,00.