Ángel Fernández Benéitez, poeta

«LA POESÍA TIENE QUE RECUPERAR LA NATURALIDAD DE LA EXPRESIÓN»

«Soy un autor periférico, autoterapéutico que escribo desde las emociones y que, en estos momentos, no tengo que demostrar nataliaada»

Natalia Sánchez

El poeta Ángel Fernández Benéitez acaba de publicar un nuevo poemario. Su título Memoria del ave encanecida, con prólogo del crítico y poeta Eduardo Moga.

-¿Cómo nace esta nueva obra?

-Este libro se escribió de una manera muy rara. Los libros de poesía se hacen por acumulación, en general. Sin embargo este surgió por una casualidad desventurada. Dejé el coche en el aparcamiento del instituto, me lié y cuando volví a por él estaba cerrado, por lo que me tocó ir a pie hasta mi casa. Cuando llegué a Los Tres Árboles, no había nadie pero empecé a oír cantar a un pájaro. De repente me di cuenta de que era el ruiseñor, a quien nunca había oído cantar. Me quedé con aquella especie de posesión. Este canto fue el detonante de este poemario que salió todo como a raudales. Luego tuve mucho tiempo para corregirlo y revisarlo. Por mucho que leía y releía volvía a las andadas, es decir, prácticamente no corregí nada. Hay anacolutos o neologismos… que no sé si nos aventureros o desventurados, pero que son.

-¿Es su poemario más osado?

-Yo soy clásico, y no lo puedo evitar [risas]. Tiene su parte clásica, su parte popular porque el verso corto lo hace cantarín, pero también cuenta con todo tipo de licencias empezando por el primer verso «A quien oscuro canta/ la noche lo desvela», lo que es un anacoluto porque tendríamos que decir a quien lo oscuro canta. Lo pensé mucho pero si lo cambiaba, variaba mucho.

-¿Por qué métricamente recurre al verso corto de nuevo?

-Lo hice en formato de alejandrino, pero era igual de machacón. Al ser el verso corto parece que te invita a dejar que suene. Esa sencillez me gustaba mucho. Yo siempre había utilizado el heptasílabo, lo mío son los imparisílabos [risas] y además me he ido reafirmado porque he ido descubriendo que da igual el verso que elijas, en realidad lo que importa son los pies griegos, que suene. El heptasílabo responde a esta estructura y me pareció cantarín, quizá un poco en exceso. Ese poemario es muy surrealista, como fue también Espirales. Además es mucho más folclórico porque tiene sus pespuntes etnográficos y está enraizado en el campo porque es un libro salvaje. Yo no soy original.

-¿Por qué?

-Yo creo que ahora es imposible soy original. Fui original en mi primer libro en Espirales que, sin duda, fue el más arriesgado que he escrito. Este nuevo quizá sea algo, pero es tan cantarín que mitiga el riesgo.

-Esa musicalidad que defiende no es muy frecuente en la actualidad.

-Sin duda… pero yo en estos momentos ya no tengo que demostrar nada. Lo que he escrito lo he hecho toda mi vida outside porque Espirales era excesivo; fue escrito en una situación excesiva, en plena mili en una situación extraña. Cuaderno de otoño está hecho con la tarea del albañil, día a día con mi libreta iba anotando. Luego La mar inmóvil nació como este último poemario aunque cuando se publicó más de medio libro se despachó porque era excesivo, pero quizá porque yo soy excesivo [risas]. En Blanda le sea y Epistolio hice muchas concesiones a muchas modas. Ángelica Tanarro en una ocasión me dijo que tanto a ella como a mí nos importante muy poco la voz del poeta, dado ambos pensamos que no existe. No obstante, hay algo en la poesía que te hace volver, es como una droga a veces insana y dañina y otras veces, resulta salutífera.

-Para usted ¿qué está siendo?

-En mi caso siempre ha sido una droga mala. Siempre ha surgido de estados convulsos, quizá hasta muy muy convulsos. Sin embargo Cuaderno de otoño es más reflexivo igual que Blanda le sea, pero creo que yo soy excesivo [risas].

-Como poeta ¿cómo se siente?

-Soy un poeta provinciano, periférico y no me puedo clasificar. No he estado en los círculos y tampoco me ha interesado. Mi carrera poética no ha sido muy amplia porque entre Espirales y el segundo volumen pasaron más de diez años. El camino va viniendo y he querido vivir. Ahora creo que soy poeta autoterapéutico, me quedé enganchado y el mono me lo quito con otra dosis aunque publicar sea secundario.

-No cree en la voz poética, cada uno de sus poemarios es distinto, pero en esta nueva aportación retoma los temas que ha tocado en otras de sus criaturas literarias.

-Alguien dijo en una ocasión que siempre escribimos el mismo poema. Siempre estamos dándole vueltas a lo mismo. Hay cuatro temas metidos en nuestra cabeza que solo emergen cuando quieres que no salgan [risas]. Lo que tú sientes, no lo puedes evitar. Yo no escribo desde la razón, no soy cartesiano. El pienso, luego existo, no va conmigo. Mi máxima sería siento, luego existo. Escribo desde las sensaciones, no puedo por menos.

-Un poeta bebe de otros. ¿Qué influencias reconoce en Memoria del ave encanecida?

-De los poetas místicos, de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, dado que el libro tiene ciertas venas de erotismo, de paisajismo y pasión, pero es un libro que habla de la nada y ellos hablan de Dios y en este libro nunca aparece un Dios. Además siempre está presente Claudio Rodríguez y Jesús Hilario Tundidor, aunque quizá en este libro estén menos que en otros. Claudio es la claridad y la luz y Memoria del ave… es la oscuridad. En Claudio Rodríguez hay muchas cosas y personas y en este no hay nadie. Hay primeras, segundas y terceras personas que nunca sabes a ciencia cierta quién es.

-Dice que es un poemario muy cantarín. ¿Le gustarían que le musicaran?

-A mí ya me ha musicado una persona cercana, mi cuñado José un poeta de un único libro extraordinario. Otro alumno de Lanzarote se encargó de poner música a un par de poemas de Perdulario. Quizá alguno de los grupos actuales me descubran y quieran hacerlo…

-Usted es muy activo en Facebook, ¿por qué?

-Hubo una época que escribía constantemente porque era terapéutico para mí y creo que también para otras personas. Me enseñó mucho. Ahora me da más reparo escribir en las redes, aunque debo de reconocer que ha supuesto una cosa muy agradable porque he conocido a muchos poetas y es un vehículo para mostrar la poesía a quienes no le gusta. Creo que la poesía nació popular y es, en el fondo, popular. Es bueno que a través de las redes sociales se democratice el acceso a la poética y que se acerque a ella la gente con mayor naturalidad. Además, los poetas tienen que recuperar la naturalidad de la expresión.

-Hay voces nuevas que están emergiendo en Zamora. ¿Qué opina?

-Hay nuevos autores a tener en cuenta, como el poeta Manuel Enrique Ferrero Rodríguez, un autor que es muy interesante, y tengo la suerte de que algunos alumnos con los que mantengo contacto por Facebook tienen versos muy interesantes que deseo que vean la luz.

-¿Presentará su última criatura literaria?

-Sí, a principios de octubre de la mano Manuel Enrique Ferrero Rodríguez como presentador, me hizo el prólogo de Oscuras epopeyas, todavía por publicar, y en ciudades limítrofes de la mano de la editorial, Los papeles de Brighton. Memoria no pensaba que viera la luz. Se lo mandé al editor, quien se ha encargado de todo. Desde que dejé de presentarme a premios siempre he editado de manera muy casual y sin pretenderlo.

-Y ¿verá la luz Oscuras epopeyas?

-No lo sé. Es un libro integrado por pequeños relatos de personajes antiheróicos, involucré a muchas más gentes que me hicieron dibujos. Es un libro que ha surgido a lo largo de 20 años y mantener el tono y el espíritu durante este tiempo es complicado, pero tiene un tono muy claro existencialista.

(Publicado en La Opinón de Zamora, 22 de agosto de 2016, p. 6)

Ángel Fernández Benéitez, agosto 2016

Los Papeles de Brighton reeditan a Carlos Jover y Jorge Rodríguez Padrón

Carlos JoverProgresivamente iremos alternando la publicación de obras nuevas con la reedición de nuestros títulos agotados.

Ya están a la venta las segundas ediciones de Bajo las sábanas, del mallorquín Carlos Jover (Colección Minúscula, 4); y Algunos ensayos de más, Jorge Rodríguez Padróndel grancanario Jorge Rodríguez Padrón (Colección Mayor, 2). Con ellos vuelven al escaparate, respectivamente, una magnífica e inclasificable ficción de contenidos éticos y un manojo de jugosas reflexiones sobre memoria, identidad y democracia.

Gracias a los dos por seguir confiando en Los Papeles de Brighton.

Ángel Fernández Benéitez / Memoria del ave encanecida

Cubierta de 'Memoria del ave encanecida'
Ángel Fernández Benéitez, Memoria del ave encanecida, 78 pp.
Colección Minúscula, 7
ISBN: 978-84-945158-4-2

El prologuista de Memoria del ave encanecida, Eduardo Moga, escribe en su prólogo:

Ángel Fernández Benéitez es un autor entero y poroso, de inspiración clásica, voz serenamente articulada y relumbres naturales: su pasión por la naturaleza, contemplativa, pero también erótica, se manifiesta desde su primer hasta su último verso. Las inseguridades existenciales, entre las que la definición de la identidad, de la sustancia del ser individual, descuella con vigor, se proyectan en la descripción de un mundo asombroso y, a veces, empavorecedor.  

El libro que ahora aparece en Los Papeles de Brighton […] prolonga esta conjunción de tradiciones literarias e intereses expresivos. Los 55 grupos de cuatro cuartetas o redondillas en heptasílabos blancos que integran el poemario –hasta un total de 880 versos– funden un castellano granado, austero y, cuando conviene, arcaizante, lleno de resonancias clásicas, con otro brincador y hasta surreal, en el que trajinan metáforas puras y neologismos creacionistas, y que no rehúye lo oscuro.  

Los temas no se alejan de los que Ángel Fernández Benéitez ha devanado en sus anteriores entregas: el recuerdo y la melancolía; la soledad, compañera inevitable; el deseo de libertad, fruto del encarcelamiento existencial y aun físico; las dudas sobre la identidad, esa anguilosa desconocida; el amor, que siempre ronda, ansiado, frustrado, perdido o, más raramente, consumado; la naturaleza, que comparece en forma de pájaro, viento, árbol, cielo y fuego, espacio en el que el ser se derrama y se justifica, y la dimensión humana más próxima a ella: el agro, hecho de sombras, adobes y lentitudes; y el canto, que adquiere en este poemario un protagonismo singular, y que se describe como lo que sobrevive a todo, como lo que redime de todo. Memoria del ave encanecida es una larga exaltación de la poesía, a la vez que una sobriamente articulada reflexión sobre la vida, en la que convive cuanto oprime al poeta –asumido, no obstante, con serenidad solar– y cuanto lo impulsa a ser: a renacer. Y todo ello hilvanado en un discurso ferozmente trabado. Una dimensión colorista y musical, que se refleja en aliteraciones y sinestesias –y en ocasionales asonancias–, y apoyada en largos encabalgamientos, recorre el conjunto. 

Ángel Fernández Benéitez (Zamora, 1955) estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca y fue profesor de lengua española y literatura entre 1979 y 2013. Su labor literaria se centra fundamentalmente en la poesía; ha publicado Espirales (1980), A la orilla del júbilo (1989), Epistolio (1994), La conducta inocente (1998), El ajuar de la noche (2002), Cuaderno de otoño (2002), El sistema en la niebla (2004), La mar inmóvil (2007), Blanda le sea (2010) y Perdulario. Antología poética (1978-2013) (2015).

Comprar: € 11,44

Eduardo Moga comenta ‘Palabras para Ashraf’

Hace algunos meses, Juan Luis Calbarro, amigo, poeta y editor de Los Papeles de Brighton, el sello en el que aparecieron en 2014 mis Décimas de fiebre, tuvo la feliz iniciativa de publicar un libro en homenaje y que contribuyera a la liberación del poeta saudí Ashraf Fayad. Como ha explicado Juan Luis en diversos foros, Ashraf, poeta y comisario artístico, fue condenado por un tri­bunal saudí, primero, a cuatro años de prisión y, un año des­pués, a muerte, por los deli­tos de blasfemia, ateísmo y ofen­sas al Islam. Su error había sido escribir versos. Reciente­mente, gracias en parte al trabajo denodado de su familia y en parte a la enorme repulsa internacional, le ha sido conmutada la pena por la de ocho años de prisión más ochocientos latiga­zos, administrados en dieciséis series de cincuenta. Las verdaderas causas de su condena parecen ser la visión crítica de la realidad que encierra su poemario Instrucciones en el interior (2008), su posición influyente en la renovación del arte saudí y, también, que grabó y publicó imágenes de una actuación represiva por parte de la policía religiosa del régimen. Durante el proceso que lo abo­có a la muerte se había conculcado el derecho universal a la de­fensa: el juez ni siquiera había hablado con el reo. Pese a la conmutación de la pena capital impuesta inicialmente, el castigo que aún ha de soportar Ashraf es brutal: ocho años de cárcel y ochocientos latigazos. Tantos los atroces vergajazos como el hecho de que exista una policía religiosa o que se encarcele a la gente por ateísmo y ofensas a la religión, esto es, por expresar la propia opinión y el contenido de la conciencia individual, nos retrotraen de lleno a la Edad Media, que es el periodo histórico en el que el Islam se sitúa doctrinal y moralmente. Que se den situaciones así y casos como el de Ashraf —abundantes en muchos países, sobre todo en los musulmanes, aunque solo tengan eco en nuestras sociedades occidentales los que, por la personalidad y circunstancias particulares de los reos, salten a la palestra internacional— constituye una vergüenza universal y un baldón ignominioso para los propios mahometanos. Uno se pregunta, ante situaciones como esta, dónde están los musulmanes progresistas, si es que esto no es una contradicción en los términos; dónde, los que creen que la religión ha de respetar los derechos humanos y las libertades individuales; dónde, los que consideran que penas como las que ha de sufrir Ashraf degradan al género humano. Los que tanto se preocupan por que las mujeres puedan seguir tapándose como momias, o por disponer de un lugar para arrodillarse en dirección a La Meca y rezar a un dios inexistente pero cruel, harían mejor practicando la compasión e impugnando, por decencia, por dignidad, leyes como las saudíes, propias de los neanderthales (aunque es probable que los neanderthales fueran más caritativos que la Casa de Saúd).

Palabras para Ashraf

El libro pensado por Juan Luis ya existe: se titula Palabras para Ashraf: cuenta con un prólogo del propio Juan Luis Calbarro, otro de Mounir Fayad, hermano de Ashraf y una de las personas más implicadas en la lucha por su liberación, un hermoso poema de Ashraf, perteneciente a su libro Instrucciones en el interior, y las colaboraciones, en forma de poemas, relatos, artículos o pequeños ensayos, de 61 escritores españoles (y algunos hispanoamericanos), entre ellos algunos tan notables como Antonio Gamoneda, Jaime Siles, Félix de Azúa o Juan Carlos Mestre, y muchos excelentes amigos: Alfredo Gavín, Juan López-Carrillo, Jordi Doce, Marta Agudo, Juan Luis Calbarro, Kepa Murua, Luis Ingelmo, María Ángeles Pérez López, Máximo Hernández, Ramón García Mateos, Regino Mateo, Ricardo Hernández Bravo, Tomás Sánchez Santiago o Teresa Domingo Catalá, entre otros. Yo participo con dos entradas de mi blog anterior, Corónicas de Ingalaterra: «Alá no es grande», publicado el 10 de enero de 2015, y dedicado, precisamente, a Ashraf Fayad, con ocasión de los atentados yihadistas contra el parisino Charlie Hebdo; y «Si insulta a mi madre, le espera un puñetazo», aparecido nueve días más tarde, a raíz de las declaraciones del papa Francisco sobre la reacción violenta que cabía esperar si se criticaba a la Iglesia. Palabras para Ashraf, como todos los libros de Los Papeles de Brighton, se vende por Amazon, pero el producto de esa venta será destinado, íntegramente, a una ONG que actúe en pro de los derechos humanos en Arabia Saudí. Aunque nunca he incorporado mensajes publicitarios ni propuestas de compra a mi blog, creo que en este caso está justificado. Os adjunto, pues, la portada del libro y el primero de los textos con los que he colaborado en el volumen, y os indico también el enlace con Amazon, para que adquiráis tantos ejemplares como os apetezca. Yo animo a todos a hacerlo.

(En su blog Corónicas de Españia, 22 de mayo de 2016)

Palabras para Ashraf

CUB

Palabras para Ashraf, 324 pp.
Edición de Juan Luis Calbarro
Colección Mayor, 4 / Homenaje
ISBN: 978-84-945158-3-5

Ashraf Fayad nació en 1980 en Abha (Arabia Saudí) en el seno de una familia de refugiados palestinos procedentes de la Franja de Gaza. Artista plástico y comisario artístico, participó en varias exposiciones internacionales en representación de su país de adopción, entre ellas la Bienal de Venecia (2013). Promovió el arte saudí contemporáneo en varios ámbitos y formó parte de la organización angloárabe ‘Edge of Arabia’. En 2014 colaboró en el volumen colectivo ‘Contemporary Kingdom. The Saudi Art Scene Now’ (edición de Myrna Ayad, Dubai: Canvas Central, 2014). En el ámbito literario, es autor del poemario ‘Al-Ta’limât bil-dâ-khil’ (‘Instrucciones en el interior’; Beirut: Dar al-Farabi, 2008), cuyos versos le acarrearon en 2015 una condena a muerte por apostasía. En 2016 se le conmutó por pena de prisión durante ocho años y 800 latigazos.

Este libro colectivo le está dedicado; con él, los autores quieren contribuir a divulgar su caso y claman contra todas las censuras. Los beneficios obtenidos con su venta se destinarán íntegramente a una organización de defensa de los derechos humanos en Arabia Saudí.

Participan en el volumen Alfredo Gavín, Ángel Fernández Benéitez, Antonio Gamoneda, Antonio Rigo, Arturo Tendero, Ashraf Fayad, Aurora Luque, Beatriz Becerra, Ben Clark, Carlos Gámez, Carlos Jover, Carlos Martínez Gorriarán, Charo Alonso, David Torres, Eduardo Moga, Estrella Sánchez-Marcos, Ezequías Blanco, Félix de Azúa, Félix Ovejero, Fernando Báez, Fernando Megías, Ignacio González del Rey Rodríguez, Ignacio Martín, Isaac Goldemberg, Isabel Camblor, Jaime Siles, Javier Cánaves, Jesús Ferrero, Jesús Zomeño, Joaquín Leguina, Jordi Doce, Jorge Espina, José Ángel Barrueco, José Antonio Carreño, José Luis Pernas, Juan Antonio González Fuentes, Juan Carlos Mestre, Juande González Moyano, Juan López-Carrillo, Juan Luis Calbarro, Julio Marinas, Kepa Murua, Luis Ingelmo, María Ángeles Pérez López, Marta Agudo, Máximo Hernández, Miguel Ángel Malo, Montserrat Villar, Ponç Pons, Rafael-José Díaz, Rafael Morales Barba, Ramón García Mateos, Regino Mateo, Ricardo Hernández Bravo, Román Piña Valls, Santiago Alfonso López Navia, Santiago Montobbio, Sinesio Domínguez Suria, Teresa Domingo Català, Tomás Sánchez Santiago, Tomás Valladolid Bueno y Vicente Torres.

Comprar: € 18,72.