“Que a los políticos no les interese la historia de las ideas nos deja indefensos ante ideologías tan débiles como el nacionalismo o el populismo”

FERNANDO NAVARRO, DIPUTADO DE CIUDADANOS POR BALEARES, PUBLICA EL ENSAYO SOCIALISTAS UTÓPICOS EN LOS PAPELES DE BRIGHTON

De todos los pensadores que reseña, ¿cuál cree que ejerció mayor influencia en el pensamiento del siglo XX?

Sin duda alguna Saint-Simon, que es el más profundo de todos ellos y de paso el más simpático. No solo dejó tras de sí una religión de corta vida, sino que influyó decisivamente en pensadores como Augusto Comte y, mucho más de lo que el alemán reconocía, en Marx.

¿Qué ha querido mostrar de estos pensadores? ¿Cuál es su enfoque?

Con frecuencia lo más interesante no es lo que decían, sino lo que asumían inadvertidamente. Por ejemplo, la creencia en que el funcionamiento de la sociedad podía ser definido científicamente en el laboratorio de la razón y trasladado sin más a la realidad.

El autor del prólogo del libro elogia la ironía que inspira sus semblanzas. ¿Cuestión de estilo?

Las vidas y obras de Saint-Simon, Fourier, Owen, Cabet, Enfantin y Noyes tienen momentos extraordinariamente divertidos que con frecuencia se pasan por alto. Como si el historiador pensara: “esto es un tema serio, así que tengo que expurgarlo de sus aspectos más ridículos”. Esto es un error, no solo porque hace la historia más aburrida, sino porque en esos aspectos es donde mejor se pueden ver sus errores de planteamiento.

Un político que escribe sobre política –hoy y en España– resulta algo insólito. ¿Por qué cree que es así? ¿Los políticos no deberían escribir –y leer– más sobre política?

Que a los políticos no les interese la historia de las ideas políticas contribuye, por ejemplo, a que estemos indefensos ante ideologías intelectualmente tan débiles como los nacionalismos o los populismos. O que se pueda llegar a pensar que la democracia liberal es una especie de fenómeno natural, cuando en realidad es una frágil construcción de la civilización. Un oasis en el desierto que difícilmente sabremos preservar si no conocemos sus fundamentos.

¿Tiene otros proyectos literarios? ¿Para cuándo Socialistas científicos?

En mi blog Navarth escribo cuando puedo una serie, bastante desordenada, que se llama Apuntes de teoría política, y en ella dediqué tres entradas a Marx. Recomiendo su lectura.

UTOPÍA Y REALISMO

¿La utopía es necesaria?

Decía J. K. Bluntschli: “La política debe ser idealista; la política debe ser realista. Estas dos afirmaciones son ciertas cuando van juntas, y falsas por separado”. Cabet y Owen lo descubrieron a su pesar cuando intentaron poner en práctica sus utopías sin haber tenido en cuenta la realidad.

¿Su experiencia en política tiene algo que ver con la utopía? ¿Algo de la actual política tiene que ver con la utopía? ¿Es necesario que sea así?

Ahora veo que la experiencia en política es imprescindible al hablar de política, porque proporciona una visión de la compleja red de restricciones entre las que las ideas deben abrirse camino en la realidad. Los socialistas utópicos, por el contrario, pensaban que la realidad podía ser construida en el laboratorio de la razón.

Fernando NavarroFoto de Jordi Avellà para El Mundo

(Publicado en El Mundo-El Día de Baleares, 3 de octubre de 2016, p. 41).

Presentación en Madrid

Presentación en Madrid de Palabras para Ashraf (viernes 7 de octubre)

-A las 11:00: desayuno de prensa en la Oficina del Parlamento Europeo en España (Paseo de la Castellana, 46). Intervendrán Beatriz Becerra, Jordi Doce y David Torres.

-A las 19:30: lectura pública de poemas en Enclave de Libros (Relatores, 16). Intervendrán varios escritores.

Tarjeta de invitación a la presentación de 'Palabras para Ashraf'

Ángel Fernández Benéitez, poeta

«LA POESÍA TIENE QUE RECUPERAR LA NATURALIDAD DE LA EXPRESIÓN»

«Soy un autor periférico, autoterapéutico que escribo desde las emociones y que, en estos momentos, no tengo que demostrar nataliaada»

Natalia Sánchez

El poeta Ángel Fernández Benéitez acaba de publicar un nuevo poemario. Su título Memoria del ave encanecida, con prólogo del crítico y poeta Eduardo Moga.

-¿Cómo nace esta nueva obra?

-Este libro se escribió de una manera muy rara. Los libros de poesía se hacen por acumulación, en general. Sin embargo este surgió por una casualidad desventurada. Dejé el coche en el aparcamiento del instituto, me lié y cuando volví a por él estaba cerrado, por lo que me tocó ir a pie hasta mi casa. Cuando llegué a Los Tres Árboles, no había nadie pero empecé a oír cantar a un pájaro. De repente me di cuenta de que era el ruiseñor, a quien nunca había oído cantar. Me quedé con aquella especie de posesión. Este canto fue el detonante de este poemario que salió todo como a raudales. Luego tuve mucho tiempo para corregirlo y revisarlo. Por mucho que leía y releía volvía a las andadas, es decir, prácticamente no corregí nada. Hay anacolutos o neologismos… que no sé si nos aventureros o desventurados, pero que son.

-¿Es su poemario más osado?

-Yo soy clásico, y no lo puedo evitar [risas]. Tiene su parte clásica, su parte popular porque el verso corto lo hace cantarín, pero también cuenta con todo tipo de licencias empezando por el primer verso «A quien oscuro canta/ la noche lo desvela», lo que es un anacoluto porque tendríamos que decir a quien lo oscuro canta. Lo pensé mucho pero si lo cambiaba, variaba mucho.

-¿Por qué métricamente recurre al verso corto de nuevo?

-Lo hice en formato de alejandrino, pero era igual de machacón. Al ser el verso corto parece que te invita a dejar que suene. Esa sencillez me gustaba mucho. Yo siempre había utilizado el heptasílabo, lo mío son los imparisílabos [risas] y además me he ido reafirmado porque he ido descubriendo que da igual el verso que elijas, en realidad lo que importa son los pies griegos, que suene. El heptasílabo responde a esta estructura y me pareció cantarín, quizá un poco en exceso. Ese poemario es muy surrealista, como fue también Espirales. Además es mucho más folclórico porque tiene sus pespuntes etnográficos y está enraizado en el campo porque es un libro salvaje. Yo no soy original.

-¿Por qué?

-Yo creo que ahora es imposible soy original. Fui original en mi primer libro en Espirales que, sin duda, fue el más arriesgado que he escrito. Este nuevo quizá sea algo, pero es tan cantarín que mitiga el riesgo.

-Esa musicalidad que defiende no es muy frecuente en la actualidad.

-Sin duda… pero yo en estos momentos ya no tengo que demostrar nada. Lo que he escrito lo he hecho toda mi vida outside porque Espirales era excesivo; fue escrito en una situación excesiva, en plena mili en una situación extraña. Cuaderno de otoño está hecho con la tarea del albañil, día a día con mi libreta iba anotando. Luego La mar inmóvil nació como este último poemario aunque cuando se publicó más de medio libro se despachó porque era excesivo, pero quizá porque yo soy excesivo [risas]. En Blanda le sea y Epistolio hice muchas concesiones a muchas modas. Ángelica Tanarro en una ocasión me dijo que tanto a ella como a mí nos importante muy poco la voz del poeta, dado ambos pensamos que no existe. No obstante, hay algo en la poesía que te hace volver, es como una droga a veces insana y dañina y otras veces, resulta salutífera.

-Para usted ¿qué está siendo?

-En mi caso siempre ha sido una droga mala. Siempre ha surgido de estados convulsos, quizá hasta muy muy convulsos. Sin embargo Cuaderno de otoño es más reflexivo igual que Blanda le sea, pero creo que yo soy excesivo [risas].

-Como poeta ¿cómo se siente?

-Soy un poeta provinciano, periférico y no me puedo clasificar. No he estado en los círculos y tampoco me ha interesado. Mi carrera poética no ha sido muy amplia porque entre Espirales y el segundo volumen pasaron más de diez años. El camino va viniendo y he querido vivir. Ahora creo que soy poeta autoterapéutico, me quedé enganchado y el mono me lo quito con otra dosis aunque publicar sea secundario.

-No cree en la voz poética, cada uno de sus poemarios es distinto, pero en esta nueva aportación retoma los temas que ha tocado en otras de sus criaturas literarias.

-Alguien dijo en una ocasión que siempre escribimos el mismo poema. Siempre estamos dándole vueltas a lo mismo. Hay cuatro temas metidos en nuestra cabeza que solo emergen cuando quieres que no salgan [risas]. Lo que tú sientes, no lo puedes evitar. Yo no escribo desde la razón, no soy cartesiano. El pienso, luego existo, no va conmigo. Mi máxima sería siento, luego existo. Escribo desde las sensaciones, no puedo por menos.

-Un poeta bebe de otros. ¿Qué influencias reconoce en Memoria del ave encanecida?

-De los poetas místicos, de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, dado que el libro tiene ciertas venas de erotismo, de paisajismo y pasión, pero es un libro que habla de la nada y ellos hablan de Dios y en este libro nunca aparece un Dios. Además siempre está presente Claudio Rodríguez y Jesús Hilario Tundidor, aunque quizá en este libro estén menos que en otros. Claudio es la claridad y la luz y Memoria del ave… es la oscuridad. En Claudio Rodríguez hay muchas cosas y personas y en este no hay nadie. Hay primeras, segundas y terceras personas que nunca sabes a ciencia cierta quién es.

-Dice que es un poemario muy cantarín. ¿Le gustarían que le musicaran?

-A mí ya me ha musicado una persona cercana, mi cuñado José un poeta de un único libro extraordinario. Otro alumno de Lanzarote se encargó de poner música a un par de poemas de Perdulario. Quizá alguno de los grupos actuales me descubran y quieran hacerlo…

-Usted es muy activo en Facebook, ¿por qué?

-Hubo una época que escribía constantemente porque era terapéutico para mí y creo que también para otras personas. Me enseñó mucho. Ahora me da más reparo escribir en las redes, aunque debo de reconocer que ha supuesto una cosa muy agradable porque he conocido a muchos poetas y es un vehículo para mostrar la poesía a quienes no le gusta. Creo que la poesía nació popular y es, en el fondo, popular. Es bueno que a través de las redes sociales se democratice el acceso a la poética y que se acerque a ella la gente con mayor naturalidad. Además, los poetas tienen que recuperar la naturalidad de la expresión.

-Hay voces nuevas que están emergiendo en Zamora. ¿Qué opina?

-Hay nuevos autores a tener en cuenta, como el poeta Manuel Enrique Ferrero Rodríguez, un autor que es muy interesante, y tengo la suerte de que algunos alumnos con los que mantengo contacto por Facebook tienen versos muy interesantes que deseo que vean la luz.

-¿Presentará su última criatura literaria?

-Sí, a principios de octubre de la mano Manuel Enrique Ferrero Rodríguez como presentador, me hizo el prólogo de Oscuras epopeyas, todavía por publicar, y en ciudades limítrofes de la mano de la editorial, Los papeles de Brighton. Memoria no pensaba que viera la luz. Se lo mandé al editor, quien se ha encargado de todo. Desde que dejé de presentarme a premios siempre he editado de manera muy casual y sin pretenderlo.

-Y ¿verá la luz Oscuras epopeyas?

-No lo sé. Es un libro integrado por pequeños relatos de personajes antiheróicos, involucré a muchas más gentes que me hicieron dibujos. Es un libro que ha surgido a lo largo de 20 años y mantener el tono y el espíritu durante este tiempo es complicado, pero tiene un tono muy claro existencialista.

(Publicado en La Opinón de Zamora, 22 de agosto de 2016, p. 6)

Ángel Fernández Benéitez, agosto 2016

Los Papeles de Brighton reeditan a Carlos Jover y Jorge Rodríguez Padrón

Carlos JoverProgresivamente iremos alternando la publicación de obras nuevas con la reedición de nuestros títulos agotados.

Ya están a la venta las segundas ediciones de Bajo las sábanas, del mallorquín Carlos Jover (Colección Minúscula, 4); y Algunos ensayos de más, Jorge Rodríguez Padróndel grancanario Jorge Rodríguez Padrón (Colección Mayor, 2). Con ellos vuelven al escaparate, respectivamente, una magnífica e inclasificable ficción de contenidos éticos y un manojo de jugosas reflexiones sobre memoria, identidad y democracia.

Gracias a los dos por seguir confiando en Los Papeles de Brighton.

Eduardo Moga comenta ‘Palabras para Ashraf’

Hace algunos meses, Juan Luis Calbarro, amigo, poeta y editor de Los Papeles de Brighton, el sello en el que aparecieron en 2014 mis Décimas de fiebre, tuvo la feliz iniciativa de publicar un libro en homenaje y que contribuyera a la liberación del poeta saudí Ashraf Fayad. Como ha explicado Juan Luis en diversos foros, Ashraf, poeta y comisario artístico, fue condenado por un tri­bunal saudí, primero, a cuatro años de prisión y, un año des­pués, a muerte, por los deli­tos de blasfemia, ateísmo y ofen­sas al Islam. Su error había sido escribir versos. Reciente­mente, gracias en parte al trabajo denodado de su familia y en parte a la enorme repulsa internacional, le ha sido conmutada la pena por la de ocho años de prisión más ochocientos latiga­zos, administrados en dieciséis series de cincuenta. Las verdaderas causas de su condena parecen ser la visión crítica de la realidad que encierra su poemario Instrucciones en el interior (2008), su posición influyente en la renovación del arte saudí y, también, que grabó y publicó imágenes de una actuación represiva por parte de la policía religiosa del régimen. Durante el proceso que lo abo­có a la muerte se había conculcado el derecho universal a la de­fensa: el juez ni siquiera había hablado con el reo. Pese a la conmutación de la pena capital impuesta inicialmente, el castigo que aún ha de soportar Ashraf es brutal: ocho años de cárcel y ochocientos latigazos. Tantos los atroces vergajazos como el hecho de que exista una policía religiosa o que se encarcele a la gente por ateísmo y ofensas a la religión, esto es, por expresar la propia opinión y el contenido de la conciencia individual, nos retrotraen de lleno a la Edad Media, que es el periodo histórico en el que el Islam se sitúa doctrinal y moralmente. Que se den situaciones así y casos como el de Ashraf —abundantes en muchos países, sobre todo en los musulmanes, aunque solo tengan eco en nuestras sociedades occidentales los que, por la personalidad y circunstancias particulares de los reos, salten a la palestra internacional— constituye una vergüenza universal y un baldón ignominioso para los propios mahometanos. Uno se pregunta, ante situaciones como esta, dónde están los musulmanes progresistas, si es que esto no es una contradicción en los términos; dónde, los que creen que la religión ha de respetar los derechos humanos y las libertades individuales; dónde, los que consideran que penas como las que ha de sufrir Ashraf degradan al género humano. Los que tanto se preocupan por que las mujeres puedan seguir tapándose como momias, o por disponer de un lugar para arrodillarse en dirección a La Meca y rezar a un dios inexistente pero cruel, harían mejor practicando la compasión e impugnando, por decencia, por dignidad, leyes como las saudíes, propias de los neanderthales (aunque es probable que los neanderthales fueran más caritativos que la Casa de Saúd).

Palabras para Ashraf

El libro pensado por Juan Luis ya existe: se titula Palabras para Ashraf: cuenta con un prólogo del propio Juan Luis Calbarro, otro de Mounir Fayad, hermano de Ashraf y una de las personas más implicadas en la lucha por su liberación, un hermoso poema de Ashraf, perteneciente a su libro Instrucciones en el interior, y las colaboraciones, en forma de poemas, relatos, artículos o pequeños ensayos, de 61 escritores españoles (y algunos hispanoamericanos), entre ellos algunos tan notables como Antonio Gamoneda, Jaime Siles, Félix de Azúa o Juan Carlos Mestre, y muchos excelentes amigos: Alfredo Gavín, Juan López-Carrillo, Jordi Doce, Marta Agudo, Juan Luis Calbarro, Kepa Murua, Luis Ingelmo, María Ángeles Pérez López, Máximo Hernández, Ramón García Mateos, Regino Mateo, Ricardo Hernández Bravo, Tomás Sánchez Santiago o Teresa Domingo Catalá, entre otros. Yo participo con dos entradas de mi blog anterior, Corónicas de Ingalaterra: «Alá no es grande», publicado el 10 de enero de 2015, y dedicado, precisamente, a Ashraf Fayad, con ocasión de los atentados yihadistas contra el parisino Charlie Hebdo; y «Si insulta a mi madre, le espera un puñetazo», aparecido nueve días más tarde, a raíz de las declaraciones del papa Francisco sobre la reacción violenta que cabía esperar si se criticaba a la Iglesia. Palabras para Ashraf, como todos los libros de Los Papeles de Brighton, se vende por Amazon, pero el producto de esa venta será destinado, íntegramente, a una ONG que actúe en pro de los derechos humanos en Arabia Saudí. Aunque nunca he incorporado mensajes publicitarios ni propuestas de compra a mi blog, creo que en este caso está justificado. Os adjunto, pues, la portada del libro y el primero de los textos con los que he colaborado en el volumen, y os indico también el enlace con Amazon, para que adquiráis tantos ejemplares como os apetezca. Yo animo a todos a hacerlo.

(En su blog Corónicas de Españia, 22 de mayo de 2016)