Eduardo Moga sobre ‘Destrucciones’, de Teresa Domingo Català

DESTRUCCIONES

Eduardo Moga

Teresa Domingo Català vive en Tarragona, una de esas provincias que no parece existir para la poesía, pero que, en cambio, alberga una nutrida comunidad de autores, tanto en castellano -lo que tiene un mérito singular, dadas la condiciones socioculturales del lugar- como en catalán. Entre los primeros, por ahí andan, sin dejar de dar guerra, a pesar del silencio, o incluso del desdén, en que los mantienen las diferentes capitalidades que hay que sufrir en este país, Ramón García Mateos, Alfredo Gavín, Juan López-Carrillo, Ramón Oteo, Juan Carlos Elijas, Manuel Rivera, Enrique Villagrasa o la propia Teresa Domingo, entre otros. Yo la había conocido hacía algún tiempo ya, en recitales o encuentros poéticos, pero había sido un conocimiento fugaz, de esos que se hacen, a trompicones, en los actos literarios. Sin embargo, no fue hasta hace cuatro años, a finales de 2010, cuando tuve la posibilidad de detenerme un poco más en su obra y en su persona. Teresa me pidió que presentara en Barcelona Luzbel de penumbra, un excelente poemario que había publicado en El Gaviero, la editorial de la llorada Ana Santos. Yo no hacía mucho que había publicado en la misma editorial Los haikús del tren, y aquella coincidencia reforzó nuestra aproximación. Presentamos Luzbel de penumbra en la sala gótica de la librería Catalonia, hoy desaparecida: otra realidad que añoramos.

Eduardo Moga y Teresa Domingo Català

Desde entonces, he seguido con interés la trayectoria de Teresa, que se desarrolla en tres ámbitos fundamentales: la poesía, la poesía erótica y el teatro. Publica ahora un nuevo poemario, Destrucciones, en Los Papeles de Brighton, el benemérito sello de Juan Luis Calbarro, en el que yo también he dado a conocer mis Décimas de fiebre: una nueva confluencia editorial. Sorprende de Teresa, en primer lugar, la versatilidad, y no solo por su dedicación a la literatura dramática: en su faceta estrictamente lírica, encontramos coplas, sonetos, poemas experimentales, piezas satíricas, proclamas eróticas y ahora, en Destrucciones, poemas en prosa. Son treinta y siete, sin título -solo identificados por números romanos-, que componen una obra compacta, de extraordinaria coherencia. El poema en prosa constituye una piedra de toque para todo escritor, porque obliga a repensar las estrategias poéticas: porque exige nuevos asedios de la palabra y una adecuación singular del pensamiento al flujo de la escritura. Los mecanismos constructivos, las apoyaturas de los ritmos y de los pies clásicos, las convenciones de la retórica, a las que todos estamos hechos, no sirven -al menos, no de forma inmediata- para la composición de poemas en prosa. Escribirlos supone un desafío, y Teresa Domingo se lo ha impuesto con la deliberación del creador que busca caminos, no sé si nuevos, pero sí otros, vías intransitadas, territorios desconocidos: ese atrevimiento la acredita como poeta, aunque tantee, incluso aunque fracase.

Pero en Destrucciones no fracasa: resuelve el reto de esta forma distinta de hacer poesía, menos evidente, más sembrada de trampas y oquedades, con la brillantez que ya había acreditado en sus libros anteriores. Su autora ha escrito del poemario que «traduce el intenso sufrimiento de la destrucción de la identidad (…). El dolor de la muerte del yo, el intenso terror de sentir cómo se fragmenta el interior de un ser humano y se destruye… Las únicas salidas a la desesperación son el estoicismo y la literatura: resistir es la única opción». Teresa Domingo afirma este propósito y esta salvación con lúcida intensidad: su forma de relatar el desmoronamiento de la conciencia, la anulación del ser, no se aparta de su estilo, sino que lo acentúa, lo radicaliza. En toda su obra, la poeta se ha expresado con violenta energía, con espíritu sangrante. Su palabra ama lo material, o, mejor dicho, lo matérico. La metáfora constituye un instrumento esencial para la expresión de ese afán torturado, de esa voluntad de hincar en el verbo todo el peso del cuerpo y del sentimiento, de arrancar de las entrañas del lenguaje un sentido nuevo y un sonido desnudo. Teresa no se anda con levedades ni con dulzonerías. Su decir es desagarrado, hiriente (porque ella está herida), anatómico, femenino, turbulentamente musical; y también chirriante, porque la poesía ha de chirriar a veces, como chirrían los grillos, o los pájaros, o los motores de las máquinas, o el pensamiento, o la vida. Uno se mete en sus versos como quien mete las manos en una masa muy espesa, aromática, pero también acre; una masa que, además, cambia de color: a veces es negra, a veces arcoirisada, pero siempre del color de la sangre. Los poemas de Destrucciones son bofetones armoniosamente dados, con equilibrio y dolor. Este es uno de ellos:

XXI

Se alían el cieno y la penumbra. Germina la desolación como un edificio abandonado. Se abisma el amor, sus garfios retroceden. El verano aumenta el terror con su fluidez. Los niños fluyen, el miedo se acrecienta. Viajo con calzador, describo la muleta. La vida se superpone en su vasto vergel y se transforma, el corazón se aterra. Crece en mí la hierba de la destrucción, la siento crecer en mi cuerpo mutilado, la siento crecen en la cruz, en el hoyo, con la brutalidad del asesinato de César. Se alza en mí la crueldad y los viejos visten mi coraza, ahora solo espero el alivio, el consuelo de la noche. Nocturna, soy como una estrella muerta en el regazo de su madre. Mi sangre estalla entre las venas y parpadea unos segundos antes de morir. Me reflejo en el origen, en la consunción. Soy pura lava que desciende hasta el barranco que tiembla en su intensidad y después se apaga, suicida. Soy la Mesías del Anticristo, la consejera del Apocalipsis. En mí, sucede. Vivo en la fragua. Allí me despedazan. Soy materia ígnea, sebo. Sobrevivo entre metales, entre terrores y me siento calcinar por la hoz incandescente de la vibración selvática.

(Del blog de Eduardo Moga, Corónicas de Ingalaterra)

Entrevista capotiana a Carlos Juliá Braun

Por Toni Montesinos

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Castelórizo. Es esa isla diminuta del Dodecaneso que se encuentra frente a la costa turca; la isla griega más oriental. En ella se encuentra la Cueva Azul, seguramente la caverna más hermosa del mundo.

¿Prefiere los animales a la gente?

No puedes tener animales en un barco. No sé si es una respuesta.

¿Es usted cruel?

Se lo está preguntando a un poeta satírico… Solo cuando me provocan lo suficiente, que es con demasiada frecuencia (el Señor me perdone).

¿Tiene muchos amigos?

Prefiero tener amigas; pero, entiéndame, solo a efectos de mi vocación pastoral.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Que inviten a metaxá con prodigalidad o, en su defecto, se dejen invitar.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

La capacidad de decepcionar del hombre es infinita y consustancial a su naturaleza; si no fuera por eso, ¿de qué escribiríamos los poetas satíricos? ¿A quién convertiríamos los cristianos?

¿Es usted una persona sincera? 

En esa precisa cuestión fundamental se basa enteramente mi trayectoria como pastor de almas.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Navegando y orando.

¿Qué le da más miedo?

Perder la razón. Pero, como el Señor está de mi parte, suelo tenerla casi siempre.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

Hace mucho que no veo la televisión.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

En realidad no soy escritor: soy un marino con cierta predisposición a la prédica piadosa y a la sátira como ejercicio verbal, lo cual me convierte en escritor como efecto colateral, y en protodiácono greco-melquita en un complejo nudista solo gracias a la enorme generosidad de mi amigo el M. I. y Rvdmo. archimandrita padre Arkadios González y a un diploma que le había comprado online a la Universal Life Church (Modesto, California). Además, como hay que ganar dinero para mantener los aparejos del barco, también soy calafate, como mi padre; y, para malgastarlo, en los ratos libres abro una galería de arte. Pero, en definitiva, creo que nada de lo que hago me determina tanto como mi actividad de piloto de barco ni querría ser otra cosa.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

La navegación es algo ciertamente físico, aunque no dude que tiene una vertiente espiritual. En cuanto a la prédica del Evangelio, el archimandrita Arkadios podrá atestiguar que a veces me ha costado espesos sudores.

¿Sabe cocinar?

Soy perfectamente capaz de abrir latas de conservas sin sufrir un solo rasguño; y preparar cócteles es parte de mi programa pastoral de los últimos veranos, en que colaboro con el archimandrita Arkadios en su comunidad en Creta.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A Cecilia Giménez.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Promesa.

¿Y la más peligrosa?

Compromiso.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

En algún período sórdido de mi vida, haber tenido a mano un objeto contundente habría sido fatal. Afortunadamente, el Señor los alejó de mi alcance.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Tengo tendencia a no votar a los que, habiendo gobernado, han demostrado ya que no nos representan. Por hablar del ejemplo español, me refiero a partidos integrados indisolublemente en redes de corrupción; a políticos enrocados en sus privilegios de casta: PP, PSOE, IU o los nacionalistas. Mire que aquí me he puesto serio.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Miembro del equipo de George Clooney en Ocean’s Eleven.

¿Cuáles son sus vicios principales?

La pereza.

¿Y sus virtudes?

Un magnífico bronceado.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Desgraciadamente, no necesito imaginármelo: en cierta ocasión, hará unos veinticinco años, singlando por el estrecho de Mesina, estuve a punto de ser engullido por el espíritu de Caribdis. Fue el primer barco que perdí, pero durante unos minutos pensé que no iba a ser eso lo peor que perdiera. Usted va a pensar que bromeo cuando se lo cuente, pero nada de lo que he dicho en esta entrevista ha sido más en serio… En esos instantes dramáticos se me vino a las mientes aquella secuencia de Atrapa a un ladrón en la que Cary Grant besa a Grace Kelly mientras esta lo tienta con su gargantilla de falsos diamantes e iluminan el cielo los fuegos artificiales. Aquellos fotogramas de un 1955 que se nos antoja castísimo, casi antediluviano, convirtieron a muchos de los que vimos aquella película de Hitchcock –incluso a los que ya la vimos en épocas mucho más liberales– en sátiros admiradores de una mujer sobrenatural a la que no había en el mundo corona de princesa que hiciese justicia. Quizá no se lo crea, pero ese cuello, esa piel blanca, ese rostro de ángel y ese beso fueron lo que pasó ante mis ojos cuando estuve a punto de morir ahogado. Que Dios, en su infinita misericordia, perdone mis pecados.

Carlos Juliá Braun, Siete sonetos piadosos

(Del blog de Toni Montesinos)

Jover, ¿bajo las sábanas?

por Antoni Serra

Afortunadamente, para sobrevivir a tanta mediocridad insulsa pude contar (allá en la soledad de mi estudio cabaneter) con un libro mágico de Carlos Jover, Bajo las sábanas, ¿recuerdan que les hablé de esta nueva obra el pasado domingo? Jover, indómito, revulsivo, renovador de emociones estéticas, es capaz de preguntarse y preguntarnos en el apartado nueve, titulado «Venado», si «¿es el sexo… más poderoso a veces que la muerte?» Respondan ustedes sin prejuicios ni falsa modestia… este viejo malsofrit cree que sí…

Diría que Carlos Jover se supera en cada nueva obra («no hay nada que no pueda considerarse basura, porque todo tiene tanto escombro interior, tanto desastre íntimo…», son palabras joveristas de «La lengua común») o, en todo caso, crea límites sin límite literario desde que le leí, entre 2010 y 2012, El espíritu de cristal y Durmiendo en Gotham, relectura que les recomiendo.

¿Quieren una muestra de la intencionalidad creativa y crítica de Jover? La encontrarán en «La huella viva» (apartado treinta), rotundo, mágico, inconfeso y (por fortuna) nada mártir:

«La muerte no existe. Sólo existen los fantasmas.»

¿Y cuántos fantasmas no conocen (conocemos) ustedes, camaradas en la utopía, en el mundo de la política, de la economía, de la frívola sociedad e incluso, ¡santo inmortal, je, je, je!, de la literatura lineal y bestsellerista (que es el que domina el espacio casi único editorial y «planetario»)? Lean y devoren Bajo las sábanas, pues penetrarán en una dimensión literaria creativa y libre y responderán a las preguntas que el mismo Jover ya respondió: «¿Asesino? ¿Violentador? ¡Artista! ¡Enfermo de belleza!» Y finalizo mi comentario con esta excepcional cita:

«¿Sirve para algo la cultura cada vez que estalla un conflicto, una guerra? ¿Es menos sangrienta y cruel cuando en ella intervienen sociedades con una supuesta cultura refinada? ¡Justo lo contrario! La cultura, en la paz -este estado que se define como ausencia transitoria de conflicto-, avanza desmochando alternativas utópicas, agotando las ilusiones, cerrando caminos de promisión.»

Antoni SerraAntoni Serra

(Publicado en Última Hora, Palma de Mallorca, 6 de julio de 2014)

Entrevista capotiana a Carlos Jover

Por Toni Montesinos

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

El sótano de Kafka, en el que soñaba vivir escribiendo sin interferencias. Alguien tocaría la puerta de vez en cuando y cuando sus pasos hubiesen delatado que ya se habría marchado, abriría la puerta para recoger la bandeja con la comida allí depositada.

¿Prefiere los animales a la gente?

Me quedo a solas con el animal que llevo dentro.

¿Es usted cruel?

Nunca lo suficiente.

¿Tiene muchos amigos?

Se pueden contar con los dedos de sus manos, que guardo como amuletos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

La generosidad para conmigo, es decir, lo que se entiende por verdadera amistad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Mucho menos que mis enemigos.

¿Es usted una persona sincera? 

Cuando no queda otro remedio, sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Lo que más me gusta en el tiempo libre es contestar entrevistas.

¿Qué le da más miedo?

Mis pensamientos en la oscuridad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La estupidez humana que deriva en intolerancia y pensamiento único. Lo políticamente correcto, origen de casi todos los males sociales.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Me hubiera gustado ser Mick Jagger.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

La crítica de la razón práctica, como el gran Inmanuel.

¿Sabe cocinar?

Sobre todo prosa.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Ya lo he dicho, a Mick Jagger.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Sabiduría.
¿Y la más peligrosa?

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

¿Sólo alguna?

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Casi nunca las de la mayoría.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

¿Otra vez? Mick Jagger.

¿Cuáles son sus vicios principales?

A veces río demasiado fuerte. Otras, pienso bien de la gente sin suficiente fundamento.

¿Y sus virtudes?

De eso no se puede tener si no te has muerto.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Que estoy pasando de un caldo caliente, compuesto por los detritos de millones de respiraciones y excreciones varias de millones de seres (el aire), a otro caldo caliente tal vez más limpio.

Foto CJ 2 (1)(Del blog de Toni Montesinos)

Luis Ingelmo firmando en la Feria del Libro de Zamora

En la foto, nuestro compañero Luis Ingelmo firmando ayer ejemplares de Aguapié y de La métrica del olvido en la Feria del Libro de Zamora.

Luis Ingelmo en la Feria del Libro de Zamora, 30/05/2014

(Fuente: La Opinión de Zamora)